Alto ¿Quién viaja?

Tras más de 15 meses desde el inicio de la pandemia, está claro que bajar la guardia no es una opción que pase por la cabeza de nadie.

Sin dudas, la enseñanza más fuerte que nos ha dejado esta crisis es que el virus continúa entre nosotros, que muta y contagia con nuevas variantes, que se mantiene escondido en sus prolongadas secuelas, e incluso que en muchos lugares del mundo es tan fuerte y mortal como en los primeros brotes.
Por eso en nuestro país continúa restringido el ingreso de turistas ante la posibilidad de que nuevas variantes del Covid 19 se filtren y compliquen los incipientes logros que la vacunación ha alcanzado durante las últimas semanas. Es duro, pero se entiende.
Lejos de entrar en la grieta que nos proponen los dirigentes políticos autóctonos, los ejemplos que exponen países un poco más serios que el nuestro van en el mismo camino.
Si como muestra basta un botón, en el Reino Unido, que se destacaba días atrás por haber alcanzado casi la inmunidad de rebaño, la reducción de medidas sanitarias y la apertura de sus fronteras, comenzó una nueva etapa de restricciones que le está generando al gobierno británico desde una pérdida de más de 600 millones de libras esterlinas diarias en julio, hasta juicios de algunas líneas aéreas.
Inesperadamente, esta situación provocó un cambio en las costumbres del turista británico, que decidió vacacionar dentro de las islas del Reino Unido, siendo Escocia el destino más elegido.
En la paranoia de aquellos que ven conspiraciones en todos los actos de gobierno, sea del país que sea, algunos analistas creen que hay algo más detrás de las restricciones por motivos sanitarios… razones financieras.
¿Por qué? Porque la partida de sus ciudadanos al exterior agrandaría la pérdida que la falta del negocio turístico le ha significado a las arcas del Estado tras 15 meses de ausencia de turistas internacionales.
Ahora bien, ese agujero enorme se podría llenar si los turistas se quedan y gastan dentro de Gran Bretaña, recuperando así una buena parte de las pérdidas.
Este “nacionalismo turístico”, como lo llaman, se ha imitado en Francia y Alemania, en donde se “sugiere” a sus ciudadanos quedarse en casa para beneficiar al turismo nacional.
Por caso, varias Comunidades Autónomas españolas también emiten bonos turísticos para alentar a quedarse y gastar sus ahorros dentro de la propia Comunidad y a veces incluyendo al resto de los españoles para que los visiten con desgravaciones impositivas o bonos de descuentos.
Ahora sí, dicho esto nos preguntamos ¿Y en Argentina?
Como decimos siempre, la idea estuvo, y fue muy buena; pero falló la implementación.
El brindar un beneficio económico para quienes decidieran quedarse en el país y gastar su dinero en hoteles, restaurantes, excursiones, artesanías y medios de transporte fue tan buena idea como las que se gestan diariamente en otros lugares.
El Pre Viaje 2020 que desarrolló nuestro país a fines del año pasado fue un buen intento para salvaguardar a la actividad turística, con las limitaciones de funcionarios que de turismo saben muy poco, pero un gran intento al fin.
De hecho, creemos que ya deberían estar implementando la versión 2021 aprovechando las inminentes vacaciones de invierno y los anuncios de apertura de los destinos nacionales.
Los países serios apuestan por el turista nacional en este contexto de pandemia, intentando incrementar el turismo interno en lugar de buscar atraer al pasajero extranjero que está atrapado en su propia circunstancia.
La crisis Covid desnuda la importancia de la actividad turística en las economías regionales del mundo, y comienza a cobrar más valor aún el desarrollo del turismo interno, incluso en el nuestro.
Los países serios lo saben, tal vez nuestros funcionarios deban mirar más atentamente lo que ellos hacen para evitar malgastar nuestro dinero en acciones que en estas circunstancias no van a dar el resultado esperado.
El mundo se volvió demasiado chico y todo se replica, copia y adapta a la idiosincrasia de cada pueblo, el nuestro también necesita sustentar a los empresarios turísticos.