Cómo nos ven en el exterior

Días atrás recorriendo los pasillos de la Feria Internacional del Turismo de Madrid me sorprendió escuchar algunos diálogos surgidos entre empresarios españoles y los sufridos empresarios argentinos.

Los españoles se preguntaban cómo hacemos los argentinos para vivir en este sube y baja económico desde hace décadas y que hace imprevisible cualquier tipo de negocio.
Muchos expresaban su admiración por estos empresarios turísticos que a lo largo de estos años supieron dar un rápido giro a su modelo de negocio para continuar brindando servicios a los turistas llegados desde todas partes del mundo atraídos por la naturaleza, la gastronomía y la cultura de nuestro país.
Pero sin dudas su mayor sorpresa estaba en que según la información que recibían de los medios de comunicación argentinos y españoles, Argentina se había transformado en un país más accesible económicamente hablando, y eso no se veía reflejado en los tarifarios de la mayoría de los prestadores, e inclusive en algunos casos habían aumentado los precios.
Los españoles en particular, y los europeos en general, esperaban buenas noticias y se encontraron con una triste realidad: Argentina seguía estando cara.
En estas condiciones Argentina como destino turístico pasa casi a la condición de destino exótico. Lejos, caro y lleno de sorpresas.
Al europeo no le hace falta tomar un vuelo de 15 horas promedio para disfrutar de destinos totalmente distintos a sus históricos paisajes urbanos, a menos de ocho horas pueden estar en el continente africano o el asiático y a valores que hacen parecer ridículos los precios autóctonos.
Argentina en su conjunto, funcionarios, dirigentes y empresarios llegaron a FITUR con la intención de convencer a millones de turistas a visitar nuestro país, pero difícilmente logren alcanzar sus objetivos en el corto plazo, y para obtenerlos en el largo deben definir qué país le queremos mostrar al mundo.
Si turismo es uno de los segmentos económicos diferenciales que pueden hacer ingresar las necesarias divisas que el gobierno de Alberto Fernández necesita, se debe transformar en política de estado, y Política de Estado, así, con mayúsculas, es mucho más que una expresión de deseo.
Es efectista declamar que todos debemos hacer el esfuerzo, pero definitivamente hasta ahora no fue efectivo.
Si a un hotelero, prestador de servicios, gastronómico o agente de viajes, los costos fijos les aumentan exponencialmente como en estos últimos años y no son medidos con la misma vara que otras industrias que sí reciben beneficios impositivamente, ¿de qué Política de Estado me están hablando?
Una Política de Estado en países como el nuestro debe ser un gran acuerdo de todas las partes, sector público, funcionarios nacionales y provinciales, y sector privado, dirigentes y empresarios. Hay muestras de esto en muchos países y con muy buenos resultados, como Colombia e Israel.
Este es el momento. Tenemos una responsabilidad histórica de mostrar que podemos hacer que turismo sea Política de Estado, y los que más saben deben acompañar a los nuevos, y el gobierno debe entender que no puede recibir si antes no da -en este caso ayuda para que los empresarios puedan ofrecer productos turísticos competitivos-. Recordemos el 2003.