Cuando sumar resta

Hace varios días el país y el mundo enfrentan una nueva ola de contagios de Covid19, en esta oportunidad con una variante que demostró ser mucho más contagiosa que las anteriores, pero que provoca casos menos severos, la Omicron.

Según hemos escuchado decir a varios profesionales de la salud, estamos ante una cepa que podría pasar desapercibida en la mayoría de los casos detectados si los infectados se encontraran vacunados.

Sin embargo, leer y escuchar que hay cientos de miles de nuevos contagios diarios asusta un poco y se contradice en el inconsciente colectivo con la gravedad de la enfermedad, creando una vez más incertidumbre.

Ateniéndonos a la realidad que vivimos en Argentina, si no fuera así ya hace varios días que deberíamos haber entrado en un ASPO -Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio- como el que atravesamos desde marzo del 2020 a junio o julio de 2020, según el distrito. O por lo menos a un DISPO -Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio-, como cuando el país tenía muchos menos contagios pero con cuadros muy serios y una alta tasa de fallecidos.

Hoy las autoridades de las costas atlánticas, ríos y arroyos serranos, lagos cordilleranos, la puna y el litoral no fijaron aforos y millones de turistas disfrutan de las vacaciones de verano en todo el país.   

Ante esto, muchos opinólogos dejan en claro posiciones que asustan y piden que volvamos al encierro tan temido, aunque antes estaban en contra del encierro y en muchos casos hasta de las propias vacunas.

Curiosa manera en que una situación sanitaria se puede transformar, casi sin fundamento, en una cuestión política. Tanta liviandad de criterios seudo profesionales mete miedo en la gente. Pero ojo, para que quede claro, esto sucede en Argentina y en el mundo entero.

En medio de todos esos dimes y diretes, el hombre y la mujer común se preguntan ¿Cuál es el verdadero estatus del Coronavirus en el mundo en enero de 2022? ¿Existe otro tipo de medición que pueda mostrarnos de manera más real la situación epidemiológica global?

Una respuesta tentativa comenzó a dárnosla la publicación de una nota en el periódico Travel Industry Today, un medio canadiense especializado en turismo.

Ante el avance de los contagios, y viendo que muchos turistas comenzaron a cancelar sus viajes se preguntaron ¿contar o no contar?

En la mencionada nota se plantean si en estos momentos ¿es necesario contar cada contagio?. ¿No sería más relevante hacer un seguimiento de las hospitalizaciones provocadas por el virus?   

En el artículo, el Dr. Anthony Fauci, asesor médico en jefe del presidente de Estados Unidos y uno de los referentes sanitarios del mundo ha dicho hace pocos días que “a medida que la variante surge en todo el mundo, muchas jurisdicciones, incluido Canadá, han dejado de contar los casos en gran medida. Esto se debe a que algunos expertos creen que la atención debería centrarse en las admisiones hospitalarias por COVID-19 como una medida más significativa de la gravedad de la pandemia” (sic).

Según él, con muchas infecciones que causan pocos o ningún síntoma, “es mucho más relevante centrarse en las hospitalizaciones que en el número total de casos”.

De alguna manera encontramos una lógica sensata en el planteo, ya que hasta ahora nadie se puso a contar cuantos casos de influenza atravesamos los simples mortales desde que la gripe apareció por primera vez.

En nuestro país, la decisión de la administración Fernández, de dejar que los contagios fluyan, en tanto y en cuanto no se comprometan las camas disponibles de terapia intensiva, parecería estar a tono con lo que sucede en el mundo.

Argentina tiene a más del 73% de su población protegida con dos dosis de vacunas administradas y si no fuera por esas discusiones libertarias que supimos conseguir podríamos tener a casi la totalidad inmunizada.

Si así fuera, no sería tan importante saber cuántos se contagiaron, sino cuántos pudieron disfrutar de sus vacaciones.