Dejar de volar para viajar en tren: ¿una solución para el planeta?

Una columna de opinión de la periodista Lorena Díaz escrita para Condé Nast Traveler que analiza la tendencia de algunos países de eliminar trayectos aéreos cortos para contaminar menos.

Aviones cada vez más eficientes, combustibles limpios y viajeros responsables es el reto más realista del sector aéreo.
El objetivo: reducir las emisiones de carbono, y el medio para lograrlo: prohibir aquellos vuelos internos de corta distancia donde exista la alternativa de viajar en tren. El país donde esta noticia acaba de tomar protagonismo es Francia, aunque no se trata de una iniciativa pionera. En 2020, la aerolínea Austrian Airlines ya reemplazó la ruta aérea entre Viena y Salzburgo, y en su defecto se amplió el servicio de trenes para conectar ambas ciudades.
Air France, la principal afectada de esta medida aprobada el 10 de abril por la Asamblea Nacional de Francia, pendiente de aprobación en el Senado antes de convertirse en ley, ha confirmado en declaraciones a Traveler.es que “de acuerdo con sus compromisos medioambientales y en el marco de los préstamos garantizados por el Estado francés en la primavera de 2020, Air France ya interrumpió sus vuelos a Burdeos, Lyon y Nantes desde París-Orly”. O lo que es lo mismo, a pesar de que la noticia ha corrido como la pólvora durante las últimas semanas, la realidad es que no es nueva. Así lo confirman fuentes de la propia aerolínea, que añaden que “esta medida no afecta a las rutas hacia y desde París Charles de Gaulle que se mantienen como parte de la alimentación del hub”. Es decir: los vuelos en conexión, aunque sean cortos o puedan ser llevados a cabo en tren, no se verán afectados.
La limitación de vuelos en favor de la alternativa ferroviaria es una de las medidas más innovadoras de La Convención de Ciudadanos por el Clima de Francia, que fue creada por el presidente Emmanuel Macron en 2019. Entre sus principales objetivos se incluía la propuesta de eliminar los viajes en avión donde existían viajes en tren de menos de 4 horas, pero finalmente se redujo a dos horas y media tras las objeciones de algunas regiones y de la propia aerolínea Air France-KLM.

Medioambiente vs. Industria

Francia no está sola en esta estrategia a la hora de reducir las emisiones de CO2. Alemania también ha decidido que el tren sea el medio de transporte prioritario para los trayectos domésticos del país con el mismo objetivo, el de reducir así emisiones de CO2. De aquí a 2030, más del 20% de viajeros pasarán de viajar en vuelos domésticos a hacerlo en tren, algo en lo que tanto el operador ferroviario Deutsche Bahn como la industria aérea alemana parecen estar de acuerdo, a pesar de tener que ampliar kilómetros de vías y frecuencias para dar cabida a los viajeros. En promedio, el avión emite 77 veces más CO2 por pasajero que el tren en estas rutas.

¿Sería posible aplicarlo en España?

En España “habría que identificar qué rutas de tren duran 2,30h y cuántas de ellas se solapan con el avión ya que el impacto, tanto ecológico como económico, en nuestro país vendría si el Puente Aéreo se viera afectado, porque es es una ruta aérea de alta frecuencia y alta rentabilidad”. Son palabras de Josep Huguet, director de Turismo de Minsait Business Consulting, que también avanza: “es cierto que el tren ya ha quitado mucha cuota de mercado en el Puente Aéreo, pero si se eliminara el avión, el incremento de viajeros de tren sería muy significativo”. El especialista también hace hincapié en aerolíneas como Air Nostrum, “que operan vuelos predominantemente domésticos” aunque confirma que, al igual que sucede en Francia, “aquí el impacto sería bajo”. Para Huguet se trata de “una noticia muy pomposa”, pero la realidad es que aislando ciertos corredores como el Madrid-Barcelona, “el impacto no sería muy significativo, ni para la economía ni para el planeta”, sentencia.

¿Es posible volar sin contaminar?

Según Aviación Civil, se estima que el sector aéreo genera alrededor de un 2% de las emisiones de efecto invernadero a nivel mundial y trata, a golpe de iniciativa, de paliar las emisiones de CO2 que generan los aviones; por ejemplo ahora las operaciones aéreas son un 70% más eficientes que hace 40 años. Pero a pesar de que el sector lleva años trabajando en un modelo de desarrollo más sostenible, no deja de estar en el punto de mira de ecologistas y ahora, y cada vez más, de pasajeros concienciados.

Por su parte las aerolíneas llevan tiempo trabajando en reducir el impacto ambiental para ofrecer una experiencia de viaje responsable. Hay muchos ejemplos de esto.

Air France, principal afectada con la medida de la supresión de los vuelos cortos, se ha comprometido “a reducir las emisiones de CO2 en términos absolutos en la red de vuelos domésticos en un 50% de aquí a 2024”. Una misión difícil pero no imposible, porque la aerolínea francesa lleva años apostando por una aviación más sostenible, de ahí que, por ejemplo, ya haya eliminado 210 millones de productos de plástico de un solo uso de sus aviones. Una tarea nada sencilla, ni barata, que incluye unas cifras de vértigo que merece la pena celebrar: desterrar 1300 toneladas de plásticos supone que 210 millones de productos de un solo uso se han sustituido por alternativas sostenibles en todos los vuelos. 100 millones de vasos de plástico ahora son de papel, 85 millones de cubiertos de plástico se han sustituido por productos hechos con materiales con base biológica o 25 millones de palitos de plástico para remover la bebida ahora son palitos de madera.

El caso de American Airlines es aún más ambicioso. La aerolínea acaba de presentar su hoja de ruta para reducir a cero las emisiones de carbono en 2050. Una meta ambiciosa que tratarán de lograr gracias a una estrategia de sostenibilidad que pasa por maximizar la eficiencia del combustible y por la renovación de la flota incorporando aviones de última generación (585 nuevos aviones desde 2013). Las cartas están sobre la mesa; por eso la aerolínea americana apuesta ya por un combustible de aviación sostenible (SAF), que se produce a partir de recursos renovables (residuos sólidos urbanos, aceite de cocina usado, aceites vegetales…). El 99% de las emisiones son el resultado de la quema de combustible para aviones. Por lo que, como aerolínea, reducir el consumo de combustible para aviones a base de petróleo es la mejor manera de reducir la huella de carbono. Dicho y hecho. Solo habrá que esperar a 2050 para comprobarlo…

Es posible que la aviación llegue tarde al compromiso por la sostenibilidad y el cuidado del planeta, pero nadie puede negar que las diferentes iniciativas son un hecho, probado, de que las cosas están cambiando. Aviones cada vez más eficientes, combustibles limpios y viajeros comprometidos serán clave para un futuro en el que, si bien no será posible volar sin contaminar, sí encontremos alternativas sostenibles para lograr un viaje aéreo mucho más responsable.

Fuente: https://www.traveler.es