Democracia y turismo

Desde aquel 10 de diciembre de 1983, hasta hoy, mucha agua ha pasado bajo el puente de la actividad turística vernácula. Tal vez deberíamos comenzar diciendo qué significaba la palabra turismo para los gobiernos de facto en Argentina: VACACIONES.

Sí, vacaciones, tan simple que no daba espacio para otras consideraciones. Vacacionar en aquellas épocas estaba vinculado con la masa trabajadora y consecuentemente con los sindicatos de los trabajadores.

¿Quién no recuerda los hoteles del Sindicato de Luz y Fuerza? Era otro turismo, más social, menos imaginativo.

Recién para mediados de siglo los organismos internacionales comenzaban a pensar en el turismo como factor de desarrollo social y apuraban a los estados a comenzar a tomar decisiones políticas que involucraran al sector.

En nuestro país esta tendencia apareció a mediados de la década del sesenta con la creación de la Secretaría de Turismo en 1967.

Pero no fue hasta 1983, con la llegada de Raúl Alfonsín a la presidencia de la Nación, que se le dio un giro al rol del turismo en nuestro país, y en 1984 se elaboraron las “Bases para un Plan Federal de Turismo”.

Este Plan fue fuente de inspiración y base de los distintos intentos de ordenamiento turístico durante casi 20 años.

En ese entonces, el secretario de Turismo Francisco Manrique desarrolló la idea de pasar cuatro feriados al día lunes buscando fomentar el turismo interno. Fue la primera vez que se establecieron los fines de semana largos.

De allí Argentina pasó a ser el País de los Seis Continentes, bajo la presidencia de Carlos Menen y con Francisco “Paco” Mayorga al frente de una Subsecretaría con rango de ministerio, que logro imponer por mucho tiempo esa Marca País en las ferias internacionales.

Eran los tiempos del uno a uno y el deme dos, y la convertibilidad hizo que los argentinos conociéramos el mundo como nunca antes, aunque las consecuencias nos marcaron para siempre, porque a partir de ese momento los gobiernos comenzarían a mirar al turismo como una actividad que fugaba una importante cantidad de divisas al exterior, sin ver lo que podría generar con el turismo receptivo.

Además, los altos costos laborales e impositivos provocaron la falta de inversiones y el estancamiento en la calidad de productos y servicios turísticos, que no siempre alcanzaban los estándares esperados por los turistas del mundo. Para algunos éramos un país exótico, con todo lo que ello implicaba.

Sobre el final de la presidencia de Fernando de La Rúa la cartera de Turismo fue ascendida a Ministerio junto a Deportes, Transporte Aerocomercial, Parques Nacionales y Cultura. El titular entonces era el hoy diputado Hernán Lombardi.

La gestión de Lombardi tal vez haya sido, hasta ese momento, una de las etapas más creativas de la actividad turística y el inicio de la participación del sector privado en la generación de productos turísticos en conjunto con el sector público.

Luego vino la crisis de 2001, el puntapié inicial para la reconversión del turismo interno y receptivo. Éramos un país en oferta para los turistas del mundo y producto de la devaluación asimétrica por primera vez hubo más turistas visitando Argentina, que argentinos viajando al exterior.

Pero sin dudas, fue durante los periodos presidenciales de Néstor y Cristina Kirchner cuando más se trabajo en mejorar la calidad de los servicios turísticos de nuestro país.

Luego del paso de Daniel Scioli como secretario de Turismo, Enrique Meyer se transformó en el funcionario que más tiempo ocupo el despacho del piso 20 de Suipacha 1111.

Fueron más de 12 años -7 como Secretario y 5 como Ministro-, que le permitieron impulsar la Ley Nacional de Turismo N° 25.997, sancionada el 16 de diciembre de 2004.

Dicha Ley permitió desarrollar fuertemente el turismo receptivo y consideró a la actividad privada como su aliada estratégica.

Además, creó el INPROTUR -Instituto Nacional de Promoción Turística-, para desarrollar la promoción de Argentina en el exterior, y la puesta en marcha del CFT – Consejo Federal de Turismo-, que reúne a las autoridades provinciales con el fin de observar el desarrollo de la actividad en todo el país. Es justamente el CFT el mejor ejemplo de transversalidad de la actividad turística, donde más allá de los debates chiquitos que sabemos tener, es un ejemplo para imitar en todas las áreas políticas.  

En este periodo se posicionó a la Argentina en los primeros puestos del ranking del Turismo de Reuniones, se desarrolló la inclusión y diversidad en la actividad turística para convertir al país en un destino elegido por la comunidad LGBTQ+, y entre otras cosas se instaló a la Feria Internacional de Turismo como una de las cinco mejores del mundo. Como siempre hemos dicho, una vara muy alta para saltar.

Con el gobierno de Mauricio Macri se rebajó el rango de la cartera de Turismo de Ministerio a Secretaría, cargo que ocupó Gustavo Santos, hoy diputado nacional, hasta el final del mandato presidencial de la administración MM.

Santos dejó grabada a fuego en su gestión la frase: “conectividad o muerte”, y convenció al entonces ministro de Transporte, Guillermo Dietrich de la importancia de crear “la revolución de los aviones”.

Una revolución que se quedó en la puerta, porque si bien fue la primera vez  que se vieron volar aerolíneas Low Cost en nuestro país, un modelo exitoso en el resto del mundo, a nuestro plan le faltó estabilidad económica y una previsibilidad que el ministro Dietrich nunca supo darle al sector aéreo.

Finalmente llegamos al periodo más difícil para la actividad turística en el mundo, y lógicamente Argentina no fue la excepción.

Salvo el primer mes de gestión del ministro de Turismo y Deporte, Matías Lammens, el resto se tiñó de Covid 19 y hasta el día de hoy continúa siendo el gran desafió para la administración FF a la hora de dar respuestas al sector.

A pesar de no haber comprendido la primera etapa de su gestión, debemos reconocer que hoy vemos un giro importante en el discurso del ministro.

No importa cuánto tardó en entender el negocio turístico, lo cierto es que hoy podemos decir que su vinculación con el sector privado comenzó a dar frutos, no sólo por la implementación del Plan Pre Viaje, sino por la maduración de la idea que sostiene que turismo es una solución para los problemas económicos del país, como lo fue allá por el 2003.

38 años pasaron desde que recuperamos la Democracia y como hemos visto a lo largo de los años el turismo logró instalarse como actividad económica y de desarrollo regional tanto en el Estado como en la sociedad.

Ya no hay lugar para volver atrás, somos mucho más que vacaciones, sigamos avanzando más allá de cualquier grieta.