El Covid-19, o cómo un shock planetario permite luchar contra el sobreturismo

Dos profesores universitarios, Damien Chaney, en EM Normandie, y Hugues Séraphin, en Winchester, plantean en esta Columna de Opiniones que finalmente la pamdemia podrá dejar algo bueno para el turismo.

Algunas imágenes han recorrido el mundo en los últimos meses: los canales de Venecia redescubriendo la tranquilidad y la claridad de las aguas, las paradisíacas playas de Tailandia sin visitantes, los Campos Elíseos que parecen un poco más grandes que lo habitual … Entre los múltiples efectos de la pandemia de Covid-19, aquellos en la industria turística son particularmente visibles y sensibles.

Definido por la Organización Mundial del Turismo (OMT) como “el impacto del turismo en un destino, o partes de él, que influye de forma excesiva y negativa en la calidad de vida percibida por los ciudadanos o en la calidad de experiencias del visitante”, el sobreturismo reúne todas las consecuencias negativas atribuidas a este sector.

En los últimos años, se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los actores de esta industria. Una cifra es indicativa de este desarrollo: con 1.400 millones de turistas internacionales según la OMT, el 2018 fue el noveno año consecutivo de crecimiento del sector. La OMT esperaba cruzar este hito en 2020, pero su pronóstico se hizo realidad dos años antes.

Varios factores explican tal aumento

Más allá de los aspectos demográficos ligados al aumento de la población mundial, el primer motivo no es otro que el desarrollo del turismo de masas. La generalización de las vacaciones pagadas en muchos países industrializados, asociada a un aumento del poder adquisitivo, permitió a partir de la década de 1960 abrir el turismo a una gran parte de la población mundial. Esta primera ola fue seguida por una segunda, a principios de la década de 2000, con la aparición de nuevos segmentos de visitantes de China, entre otros.

Al mismo tiempo, el costoe de los viajes se ha reducido considerablemente, impulsado por el crecimiento económico del turismo, pero también por la aparición de nuevos modelos de negocio, como las aerolíneas de bajo costo y Airbnb. A ello se suma una tendencia generalizada entre todos los actores del turismo a buscar el crecimiento a toda costa, guiados por el peso que representa el sector en múltiples economías. Esto favorece el corto plazo pero sin pensar en las posibles consecuencias a largo plazo.

El Covid-19, una oportunidad inesperada

Hoy en día, muchos destinos turísticos de todo el mundo son víctimas de su éxito y reciben más visitantes de los que su infraestructura en teoría puede acomodar. Las consecuencias son humanas, especialmente en lo que respecta a las condiciones de vida de las poblaciones locales, pero también y sobre todo ambientales: emisiones de CO2 y gases de efecto invernadero, contaminación de los espacios naturales, consecuente necesidad de energía y agua, etc.

La ciudad inca de Machu Picchu en Perú, por ejemplo, vio su asistencia anual aumentada de 200.000 visitantes en 1987 a más de 1.500.000 en 2018, lo que provocó desgaste en la superficie de la piedra.

El problema es tal que las iniciativas, institucionales e individuales, son cada vez más urgentes. La Unesco, por ejemplo, amenazó con eliminar la ciudad croata de Dubrovnik de la lista de sitios inscritos en el patrimonio mundial de la humanidad si las autoridades locales no reducían el número de turistas allí mientras tanto en Venecia, los habitantes se manifestaron en numerosas ocasiones contra el impacto en su calidad de vida por el alto número de turistas.

Para abordar el problema del sobreturismo, se están estudiando o ya se han implementado varias estrategias: desde la educación de los turistas hasta el cierre ocasional de sitios, incluido el aumento de precios e impuestos, o la llegada escalada de turistas durante las bajas temporadas. Sin embargo, el alcance de estas acciones sigue siendo limitado porque provienen del sector, es decir, de actores que están ellos mismos fuertemente involucrados en el turismo.

Estudios previos han demostrado que, en general, para que se produzcan cambios radicales, es necesario un choque externo. A pesar de sus desastrosas consecuencias en el sector, un estudio reciente también considera la crisis del Covid-19 como una oportunidad para luchar contra el sobreturismo.

Debido a su naturaleza impredecible, pero también a su poder sin precedentes, la pandemia de Covid-19 ha obligado a los actores del turismo a reinventarse.

En Lourdes, una peregrinación electrónica

Los autores del artículo toman el ejemplo de Lourdes. Como la tercera peregrinación en el mundo, el sitio se ha visto muy afectado por Covid-19. La medida más importante que ha tomado la estructura para afrontar la crisis ha sido radical, por decir lo mínimo: la creación de la primera peregrinación virtual del mundo, “Lourdes United”.
Organizada el 16 de julio de 2020, esta peregrinación virtual tomó la forma de un maratón de 15 horas, con múltiples eventos en línea. El artículo relata que Lourdes no sólo se benefició enormemente de esta estrategia radical ya que 80 millones de seguidores asistieron al evento, sino que al pasar de un evento físico a un evento virtual, Lourdes encontró una solución inesperada al problema del sobreturismo.

The closed Basilica of Lourdes is pictured Friday, May 8, 2020 in Lourdes, southwestern France. The COVID-19 pandemic emptied out churches and also forced the cancellation of the Lourdes pilgrimage. France’s Lourdes Roman Catholic basilica closed its doors on March 17, for the first time in its history. (AP Photo/Bob Edme)

En Tailandia, el regreso de la vida silvestre

Otro ejemplo interesante proviene de Tailandia, que ha podido aprovechar la crisis sanitaria para promover un turismo más sostenible. Varios sitios locales se han enfrentado durante mucho tiempo a un problema de hacinamiento, ya sea Bangkok, Phuket o incluso Maya Bay, generando así múltiples daños ambientales. Pero el bloqueo global que siguió a la primera ola de Covid-19 ha provocado que todos estos sitios estén cerrados al público.

Las autoridades tailandesas pudieron observar en condiciones reales en qué medida las acciones radicales benefician la lucha contra el sobreturismo. El cierre de parques durante la pandemia, por ejemplo, permitió que el hábitat natural se regenerara y devolviera la vida silvestre, como ballenas y tortugas, a algunos sitios.
A partir de esta forzada experiencia, las autoridades tomaron la decisión de cerrar los parques cada año durante dos a cuatro meses, a partir de 2021, con el fin de mejorar la conservación de las áreas.

Lo que los ejemplos de Lourdes y Tailandia destacan aquí es que las circunstancias excepcionales proporcionadas por la crisis de Covid-19 han permitido a los actores del turismo adoptar estrategias excepcionales que no podrían haberse tomado en un tiempo normal. A pesar de sus desastrosas consecuencias para el sector turístico a corto y medio plazo, la crisis del Covid-19 podría, por tanto, tener consecuencias positivas a largo plazo.

Por Damien Chaney, Professor, EM Normandie – UGEI y Hugues Séraphin, Senior Lecturer, University of Winchester

Fuente: https://www.tourmag.com