¿El día después de qué?

Aproximadamente desde el día 30 de marzo que escucho a empresarios, periodista, dirigentes, funcionarios y hasta a muchos amigos hablar del día después. Y yo me pregunto ¿el día después de qué?

El Covid 19 le cambió los planes a la humanidad, y para muchos parecería ser que todo termina un día y comienza otra historia. Entonces se empieza a elucubrar en cómo será ese día después.

Sin embargo, ¿cómo sabremos cuando termina esa historia y comienza la nueva? ¿Qué señales nos demostrarán el fin del ayer y el inicio de mañana?

Personalmente no me imagino un día después, sino muchos días después y en diferentes estadíos, hasta llegar a una nueva normalidad que no será muy diferente a la que vivimos hoy.

Es más, en muchos aspectos siento que va a pasar como si nada hubiese pasado, sólo un paréntesis en la evolución de la humanidad. ¿Evolución dije? Bueno, es un decir, no nos confundamos.

Daría la sensación de que la pandemia sometió al mundo entero a una revisión de cuentas donde en algunos casos surgieron interesantes cambios de paradigmas, pero en otros la realidad demostró la imposibilidad de cambiar porque se derrumbaría el negocio turístico.

Por ejemplo, los protocolos de seguridad que se están planteando en el sector.

Las propuestas son bastante gatopardistas, que todo cambie para que todo siga igual, ya que todas apuntan a profundizar el orden y la limpieza, pero bajo ningún concepto cambiar el modelo de negocio, porque sino no sería rentable.

Las compañías aéreas deberían reducir la cantidad de pasajeros, dejando un asiento vacío entre ellos en cada vuelo. El costo de esos asientos vacíos los tendría que compensar con los pasajeros que viajan, con lo cual se incrementaría el valor de cada asiento en no menos de un 30 o 40 por ciento. ¿Se acabó el encanto de viajar en avión? ¿O ya el volar no es para todos? No, muchas aerolíneas están planteando profundizar la limpieza, viajar con mascarillas y reducir la comida y empaquetarla para que haya menos manipulación.

¿Y que sucederá con el transporte terrestre?

Los bares y restaurantes deberían respetar una separación mínima de 2 metros entre mesa y mesa con 4 clientes máximo por mesa. Pero los costos de gas, luz, impuestos, entre muchos otros gastos ocultos en la cotidianidad del negocio gastronómico, no se podrían achicar en la misma proporción que se reduce la cantidad de clientes por día. Esto nos llevaría a un importante aumento en el gasto de las salidas a comer afuera, o simplemente a tomar un café para charlar de negocios. ¿Cuántos podrán mantenerse con ese panorama?

Los hoteles la tendrían un poco mas fácil, siempre y cuando los pasajeros no se presenten en malón en las áreas públicas y no respeten la distancia social. Los desayunos sí que serán un problema, van a tener que dar turnos o llevarlos a las habitaciones. ¿Se imaginan si sólo el 20 por ciento de los pasajeros desea su desayuno a la misma hora porque tiene programada una excursión o una reunión de trabajo? ¿Y si son all inclusive? ¿Y si los pasajeros tienen que subir o bajar en ascensor?

No hay un día después, no puede haberlo. Habrá muchos días para cambiar pequeñas cosas, eso sí, pero esas modificaciones tendrán que ver con algo que hoy ya se realiza, orden y limpieza.

Lo que sí creo que va a suceder, es que nos adaptaremos a la nueva realidad que nos produjo la cuarentena y que nos hace replantear nuestras propias prioridades, pero no las del negocio turístico. Es muy difícil que cambie drásticamente el objetivo del negocio turístico, que es ganar dinero.

El turismo sólo requiere tiempo para volver a ser lo que siempre fue, en el mientras tanto los gobiernos del mundo apoyan financieramente a las empresas y empleados del sector para que se mantengan a la espera de la recuperación. En Argentina también, pero llega de manera selectiva y en cuentagotas con lo cual el tiempo se acaba.

Finalmente, en esa recuperación no hay un día después, es simplemente volver al trabajo.