El gataflorismo autóctono

Si hay algo que nadie puede decir es que el Decreto de Necesidad y Urgencia anunciado por el presidente de la Nación para entrar en vigencia desde las 0 horas del día de hoy, 9 de abril, fue una medida sorpresiva.

La segunda ola de contagios se veía venir desde hace rato, en realidad ya estábamos dentro de ella, pero nadie se animaba a decirlo.

En el mientras tanto, en casi todo el mundo se toman decisiones para mitigar los efectos de la pandemia, tratando de acelerar los planes de vacunación para que cada vez más gente esté protegida.

Sin embargo, para algunos países el proceso de adquisición de la vacuna en cualquiera de sus fórmulas es infinitamente más lento que en otros y algo de eso le estaría sucediendo a nuestra sufrida y devaluada Argentina.

Volviendo a lo que sucede en nuestro país después del anuncio presidencial, se comenzó a especular con mayores restricciones a la circulación en el transporte público, pero lo cierto es que nunca se permitió el libre uso de los mismos.

Desde aquel estricto ASPO de marzo del año pasado, hasta este más relajado DISPO, sólo estaba disponible para las personas autorizadas por ser consideradas esenciales, y lo que sucedió es que también se relajaron los controles en las estaciones de trenes, en las cabeceras de los subtes y en los colectivos. Toda sociedad necesita que los límites establecidos se hagan cumplir, y los argentinos no somos la excepción precisamente.

La nocturnidad es uno de los puntos más cuestionados por el gobierno, tal vez metiendo en una gran batidora a los empresarios que intentan hacer las cosas bien, con aquellos que promueven las fiestas clandestinas y obteniendo como resultado un análisis erróneo producto de esa costumbre tan nuestra de mezclar la Biblia con el calefón.

Aunque debemos reconocer que para los empresarios gastronómicos y a los representantes del mundo de la cultura y el entretenimiento esta es una medida antipática, lo mismo está sucediendo en España, Brasil, India, Canadá, Chile, Colombia, Uruguay, Paraguay, y siguen los nombres…, y son muchos.

Entonces, si esta es una fórmula probada en el mundo entero con resultados positivos ¿Porqué tanto cuestionamiento a la restricción de la circulación masiva? o ¿al aislamiento nocturno?

Lo que hace falta es ver cómo el Estado minimiza los efectos de esta medida, y de eso se sabe poco y nada aún.

En estas circunstancias, es difícil no sorprenderse cuando escuchamos por ahí que las restricciones decretadas violan la libertad de las personas -y eso que escuchamos a mucha gente que hasta podrían ser funcionarios de un próximo gobierno-, porque si nuestra libertad culmina donde comienza la de los demás, el derecho a no contagiarnos es una libertad de todos, y no de unos pocos.

También los viajes de turismo estudiantil están en la lupa del gobierno, y no deberíamos esperar otra cosa después de los resonados casos de los chicos contagiados en Cancún y Bariloche, que llenaron horas y horas de radio, televisión y portales de noticias. Lo curioso es que los datos declarados por dirigentes del sector hablan de sólo un 5% de contagios en más de 30.000 pasajeros, y ninguno internado. Creer o reventar.

La situación provocada por el Covid 19 es inédita y nos continúa poniendo a prueba a cada instante.

Aunque mal de muchos sea consuelo de tontos, lo cierto es que si nos limitan las libertades para no propagar la enfermedad… protestamos. Pero si nos dejan actuar a nuestro libre albedrío también nos quejamos porque nos abandonan a nuestra suerte.

No terminamos de entender si sólo se trata del gataflorismo autóctono, o la incesante búsqueda de profundizar la grieta que nos proponen aquellos que tienen el poder de hacerse escuchar y se olvidan que ellos no dejan de ser los demás de los demás.