El ombligo de los políticos

Recientemente, un columnista del diario The Washington Post aseguró que “la Argentina es adicta a la deuda y el FMI su dealer”, dando a entender que los políticos argentinos muchas veces recurren a soluciones fáciles para resolver nuestras crisis económicas y el organismo internacional se aprovecha de la situación.

Está claro que los gobiernos argentos nunca atacan el fondo de la cuestión y generan una especie de sálvese quien pueda y el que venga atrás que lo solucione como pueda. De fácil… nada.

Los países serios ostentan a la previsibilidad y el desarrollo económico como un dogma en pos de sus ciudadanos, permitiéndoles vivir en un estadío de estabilidad que facilita el progreso sustentable de los pueblos.

Los países serios van por soluciones serias que duren en el tiempo, independientemente de qué lado de su propia grieta los gobierne, porque ellos también tienen sus grietas.

La actividad turística forma parte de la economía de esos países y si ésta no es clara y precisa sus empresarios difícilmente puedan invertir y generar riqueza en los erarios.

El acuerdo de entendimiento logrado la semana pasada por la Administración Fernández con el Fondo Monetario Internacional debería otorgarle a nuestro país la tranquilidad económica que la actividad turística necesita para volver a ser una fuente proveedora de divisas; pero todo apunta a que de un lado y del otro existen pequeñas grietas que entorpecerán el camino.

Hemos hablado hasta el cansancio del rol del turismo en las economías regionales, y hoy, más que nunca, Argentina debe aprovechar esta oportunidad. La transversalidad de la actividad es la pata de la mesa donde apoyarse.

Sin dudas la importancia del turismo receptivo puede ser crucial en esta nueva etapa de “entendimiento”, porque la estabilidad pretendida puede cambiar drásticamente la situación de los destinos turísticos si comienzan a llegar viajeros foráneos con divisas para gastar.

También es cierto que nada va a cambiar en lo inmediato para quienes quieran viajar al exterior, la falta de esas divisas en el Tesoro Nacional difícilmente haga cambiar de idea a los funcionarios de la administración Fernández para que faciliten la salida de dólares o euros a la cotización oficial por viajes al extranjero. Es lo que hay y nada más. Y es bastante poco.

¿Qué puede pasar en el corto y mediano plazo? Nada.

El proceso de captación de pasajeros es largo y hace falta convencerlos no sólo con bonitos paisajes y experiencias culinarias, sino también con previsibilidad en las tarifas.

Mucho dicen los políticos de un lado y del otro de nuestra “grieta” autóctona acerca de este nuevo entendimiento con el FMI, pero la verdad es que sin este acuerdo el turismo pierde la posibilidad de ingresar divisas genuinas como ya lo hizo en 2002.

Recordemos que la actividad turística en Argentina está instalada y funcionando desde hace tiempo, no necesita encender motores o poner en marcha las fábricas. Sólo necesita que lleguen los turistas.

El Washington Post no miente, pero no es Argentina la adicta, son sus políticos, que no dejan de mirarse el ombligo en lugar de un país a largo plazo, y en el mientras tanto el turismo espera.