Stéphane Rossard: El “viajero humano”: un regreso indispensable a los orígenes del turismo

Esta columna del fundador de Planet Experiences agencia de contenido y de análisis sobre el turismo y experto en África, fue publicada en TourMag.com y nos plantea cuál deberá ser el modelo del viaje que nos deje esta crisis mundial.

En medio de la crisis provocada por la pandemia del coronavirus, el turismo es una de las industrias mas duramente castigadas. Pero, mientras que todo parece destruirse, y que tendremos que volver a aprender cómo vivir con nuevos puntos de referencia, ¿no deberíamos aprovechar también esta crisis para repensar en gran medida nuestro enfoque de lo que significa viajar? Nuestra propia concepción del viaje? en esta columna, Stéphane Rossard, fundador de Planet Experiences, y además de lanamibie.com y de lafriquedusud.com nos convoca a un cambio de paradigma: el viajero humano.
Después de cada crisis, nace un mundo nuevo. Con más o menos brutalidad según la onda de choque que provoque.
Una adaptación que se hace por la fuerza de las circunstancias. Y por la voluntad inconscientemente guiada por nuestro instinto de supervivencia.

Una vez pasado el asombro, la negación y la ira, llega el momento de la reflexión y la acción.

Debemos abandonar un universo familiar. Llorarlo de cierta manera. Para dar la bienvenida, no sin incertidumbre, a un mundo donde tenemos que comenzar de nuevo, para aprender a vivir con nuevos puntos de referencia.
Con angustia, pero también muy estimulante.

Foto de Mesut Kaya en Unsplash

“Debemos apelar a un cambio de paradigma”

El principio de destrucción-creación tan afecto al economista Joseph Shumpeter se aplica de manera global.
Al igual que los círculos formados por guijarros en el agua, este principio se extenderá el día después de este contexto sin precedentes a la sociedad en su conjunto.
Esto significa ponerse en acción para reinventarse para no volver a sufrir una crisis como esta nunca más.
El turismo no escapa a la regla. Por el contrario, ya que es evidente que será una de las industrias más duramente afectadas, por lo menos en el mediano plazo, y es difícil de medir la duración de esta situación.
Sin embargo, debemos aprovechar esta crisis para repensar en gran medida nuestro enfoque para viajar. Nuestro propio concepto de viaje.
Seamos sinceros y claros: habrá que apelar a un cambio de paradigma. Una necesidad vital, porque es evidente que esta crisis va a amplificar y acelerar las tendencias recientes de los viajeros y la naturaleza de sus demandas.
No hace falta decir que la gente viajará de nuevo. Con una mentalidad radicalmente diferente. Sin ninguna duda será así.
Si la ecología, la responsabilidad, la durabilidad, la inclusión social, la ética eran preocupaciones fundamentales entre los viajeros, ellas se convertirán después de la crisis en exigencias mucho más fuertes todavía. Los mismos valores llevados por las nuevas generaciones.

Reconectar con el encuentro humano

Tras la crisis estaremos asistiendo a un regreso a las fuentes de la industria del turismo. A la llegada de un nuevo paradigma que yo llamo simplemente el viajero humano.
Una asociación de palabras, de ideas simples y evidentes pero olvidadas por mucho tiempo por la mayoría de los profesionales. Olvido que podemos atribuir a una sofisticación creciente de la industria.
Falta reconectarse imperativamente con lo que hace a la esencia, a la quintaesencia misma del viaje: el encuentro humano.
Viajar es olvidarse de sí mismo y volverse trascendente a través del otro. Viajar es ante todo reconocer la existencia de un otro a través de un cambio de escenario y confrontación con lo desconocido. Concepción que podemos ver en la obra de Albert Camus “El revés y el derecho” cuando dice: Lo que nos cuesta del viaje es el miedo. Nos desarma una especie de decorado interno. El viaje nos quita ese refugio”.
O como ha escrito Romain Gary en “Los Tesoros del Mar Rojo”: “Los tesoros que yo me he traído de allí son inmateriales, y si la escritura no los eterniza, desaparecen para siempre. El romántico que existe en mí, enamorado de esos diamantes efímeros, muchas veces tan puros, otras tan negros, pero siempre únicos y abrumadores en un misterioso brillo, partir en su búsqueda en esa inagotable mina de riqueza y pobreza que una vez llamamos el alma humana -y he dicho una vez porque la palabra está pasada de moda, con su eco del más allá”.

Debemos terminar con los circuitos agotadores

Estamos hablando del alma humana que debe ser el estándar para la creación de nuestros viajes. Debemos terminar con los circuitos agotadores, que casi obligan a una marcha forzada, por no decir a veces al ritmo de un cuerpo militar. Estos circuitos que dejan poco espacio para el placer de descubrir lo inesperado, para los encuentros casuales, la esencia misma del viaje.
Me podrán objetar que es una realidad, una practica expandida. pero no nos mintamos más. la riqueza de los conceptos “eco esto” “eco- aquello”, durable, responsable, etc. a veces enmascara una realidad más prosaica.
Aun si las iniciativas se multiplican, aun si los compromisos que van en esta dirección son más numerosos, incluso si realmente se han hecho esfuerzos, en resumen, incluso si la conversión está en marcha y es muy bienvenida, especialmente porque implica una toma real de riesgos por parte de los profesionales, la realidad es que hasta ahora se trata de un número aún limitado de actores.
Uno de los beneficios de esta crisis es que nos obliga a acelerar y a cambiar rápidamente nuestros objetivos. A reaccionar, juntos, a una escala mucho más grande, sin equivalente.

El “viajero humano” es una estrella de cinco puntas

Qué contiene precisamente este paradigma del “viajero humano”? Se distingue o se identifica por esos siguientes rasgos singulares, como una estrella de cinco puntas:

  • Preocupado: está involucrado en acciones locales. Ya sea una auténtica inmersión con un impacto efectivo para las poblaciones locales. Ya una acción voluntaria unida en el marco de un proyecto. Por ejemplo, enseñar gratis en una escuela o ayudar a rehabilitar un monumento histórico. Dependiendo de sus habilidades, sensibilidades o intereses.
  • Comunitario: es comunitario incluso si la personalización sigue siendo una marca fundamental en nuestros negocios. Inspirado en esta filosofía de la vida africana, que tiene sus raíces en Sudáfrica, llamada Ubuntu. Y eso se puede resumir como “Yo soy porque somos”. Recuerda nuestros lazos inquebrantables que nos unen a todos y la interdependencia de nuestras acciones.
  • Curioso: informar a los viajeros produciendo, antes de la partida, contenido enriquecido, actualizado como una herramienta para comprender los países que visitarán. Y responda a esta necesidad de conocimiento expresado por los viajeros. Esto se puede hacer, por ejemplo, con una videoconferencia con el guía o el consultor a cargo del viaje. O mediante la creación de un blog o sitio de chat comunitario, una especie de encuentro común, impulsado por consultores y ofrecido a los clientes. Demasiados clientes parten desprovistos de conocimientos, lo que no les permite comprender completamente las instalaciones y los países.
  • Consciente: se ha sensibilizado conscientemente de los problemas sociales, económicos y ambientales. Elige con conocimiento de causa. Tiene discernimiento. Es consciente de su propia responsabilidad en las decisiones que toma.
  • Comunicador: intercambia para enriquecerse, se comunica para transmitir y comprender. Un rasgo específico de las nuevas generaciones es que se sienten muy cómodos con los canales digitales para compartir y ser embajadores de las causas a las que están vinculados, así como están animados por un sentimiento de pertenencia a la comunidad internacional.

El Slow Travel, una nueva relación con el tiempo

El intercambio implica respeto por las culturas y las diferencias.
El viaje requiere humildad y un sentido de relatividad. Se requiere un requisito previo.
Estas generaciones están imbuidas de ello. A esto debería agregarse una nueva relación con el tiempo.
El Slow Travel está ganando más y más seguidores. Garantiza una intimidad real con su entorno, de un vínculo profundo con el lugar elegido que se convierte en un sujeto en sí mismo.
Aunque todavía esté en gestación, este viajero se convertirá y debe convertirse en nuestra matriz. Esto se refiere tanto a los viajes de ocio, como los de negocios, de eventos, viajes al extranjero, así como viajes locales.
Estos signos distintivos deben ser los nuevos marcadores de cualquier oferta “turística”.
Humanidad es solidaridad. El ser humano como horizonte, como perspectiva. Es con esta condición que el turismo reencontrará nuevamente su lugar en la vida de la gente.

Fuente: https://www.tourmag.com