En el país de la carne…

Sorprendía esta semana una declaración del presidente de la AHRCC, Ariel Amoroso, acerca del nuevo problema que se plantea en el sector gastronómico, especialmente en el rubro de “las parrillas”, una especialidad que recorrió el mundo con nombre propio: La carne argentina.

Hasta ahora, su negro presente se debía a los largos meses de cierre -obligados por el Covid 19-, a un resultado del take away que no alcanza para suplir las ventas de salón, a la implementación de aforos -con menos comensales en los salones-, a las restricciones horarias que obligan a cerrar más temprano, a la finalización de los ATP y de la exención al pago de Ingresos Brutos, etc., etc., etc. y etc.

Como si todos estos inconvenientes no alcanzaran para definir el momento crítico que vive el sector, a partir del mes próximo se suma un nuevo problema, el incremento del precio de la carne. Sobre llovido mojado y nosotros sin paraguas.

La inflación, la menor oferta de ganado en pie en el Mercado cárnico y los desequilibrios macroeconómicos, llevaron a que la carne tuviera un 100% de aumento en muy poco tiempo y está claro que para los empresarios gastronómicos resulta imposible trasladar ese incremento a sus cartas.

Esta situación vuelve a plantear el ¿hasta cuando? los dueños de restaurantes, hamburgueserías, parrillas, o cualquier emprendimiento que tenga carne en sus menús podrá soportar esta incertidumbre? Hablamos de parrillas, pero son todos.

Los empresarios han realizado un gran esfuerzo económico al incrementar sus precios al público sólo en un 30%, reduciendo aún más la casi nula rentabilidad del negocio. Tan es así, que muchos se plantean si no llegó la hora de bajar las persianas.

La definición de Ariel Amoroso es evidente “Para las parrillas el contexto actual se hizo más duro que cuando sólo estábamos en la cuarentena. Es un sector con una rentabilidad que empezó a afectarse fuerte a partir del 2015 y hoy está peor por el costo de la carne”. (sic)

Algunos podrían plantearse una reconversión del negocio y dejar de ser “parrilla” para convertirse en “pizzería” o, por qué no, en un restaurante vegetariano, algo tan extraño para nosotros como plantear que los argentinos deberíamos cenar a las 6 de la tarde.

Durante años Argentina ha promocionado las bondades de nuestra gastronomía poniendo énfasis en las “carnes”, especialmente si son asadas, y de hecho muchos turistas llegan tentados por saborearlas acompañadas por un buen Malbec, otro de los productos que nos identifican más allá de nuestras fronteras. ¿O no?

Al paso que vamos las parrillas se convertirán en restaurantes de lujo, restringidos a comensales de alto poder adquisitivo, y de esta manera muchos quedarán fuera de mercado.

Sin menospreciar a las distintas tendencias gastronómicas que han llegado en los últimos diez o quince años, y teniendo en cuenta que la pandemia los afecta a todos, nuestra cultura alimenticia siempre estuvo basada en la carne, y cada día se hace más difícil comerla dentro o fundamentalmente fuera de casa.

Esta realidad excede al sector gastronómico, pero lo afecta más porque en el camino habrá mucha mas gente que se quedará sin trabajo, y en turismo van…