¿Era necesario?

Esta semana, cuando Paola Tamburelli, Administradora Nacional de la ANAC, le entregó al presidente del Grupo Aerolíneas Argentinas, Pablo Ceriani, el certificado de explotación que formalizaba la fusión entre Austral y Aerolíneas Argentinas, quedó sellado el desenlace final de Austral Líneas Aéreas.

Fueron 63 años de historia en los que no faltó nada.

Desde aquellos inicios  mirando hacia ese sur que la vió nacer, hasta esta fusión, mucha tinta se usó para escribir su historia.

En un país que pretende ser serio, comprometido y federal, tener muy definidas y claras las políticas de estado que hagan crecer al mercado aerocomercial es fundamental. Sin embargo, por alguna razón no muy clara vamos permanentemente en sentido contrario a la lógica del mundo.

Lamentablemente los desatinos políticos y económicos de nuestro país están provocando un círculo vicioso que nos retrotrae en la historia de la aviación comercial, empujando a la industria a un modelo monopólico propio de los años 50.

Y ojo, no somos opositores al gobierno de turno, pero tampoco oficialista, y eso nos permite mirar con la objetividad necesaria como para saber cuándo algo está bien y cuándo no.

Las desapariciones recientes de Latam, Norwegian, Avianca y Flyest, sólo por nombrar a las últimas que decidieron bajar los flaps, son un ejemplo de ello. Nunca fueron incentivadas a crecer, más bien se hizo mucho para que eso no ocurriera, como sucede con Andes, JetSmart o Flybondi en la actualidad.

Hace mucho tiempo que algunos sindicatos de nuestra aerolínea de bandera buscan que la compañía vuele en solitario los cielos argentinos, como si esa fuera la solución a todos los problemas de números en rojo que tiene la empresa. Lamentablemente debemos informar que esa tampoco es la solución.

El último intento por transformar seriamente los números de los balances de Aerolíneas Argentinas fue durante la presidencia de Mariano Recalde, donde se apostó por optimizar la flota, modernizarla y así incrementar los vuelos y consecuentemente los ingresos, a pesar de algunas decisiones cuestionables de ANAC que perjudicaban a sus rivales.  

Más tarde en el tiempo hubo quienes se llenaban la boca hablando de las virtudes de la línea de bandera y en el mientras tanto hacían lo impensable por hacerla sucumbir. Demasiada imaginación, poco conocimiento.

Y así nos encontramos hoy con una fusión que saca de mercado a una marca que siempre molestó en las entrañas de nuestra querida Aerolíneas Argentinas, y no terminamos de entender cuál es el verdadero beneficio obtenido.

La pandemia también mató a Austral Líneas Aéreas, habrá sido porque nadie le puso el barbijo.