‘Es nuestro pacto social’: la gente de Nueva York sigue usando mascarillas

Una interesante columna de opinión de la periodista de The New York Times, Glynnis MacNicol, nos muestra cómo a pesar de que las autoridades permiten a sus ciudadanos completamente vacunados quitarse los cubrebocas al aire libre, eso no significa que estén dispuestos a abandonarlas del todo. ¿Una costumbre que llegó para quedarse?

Si caminas por la ciudad de Nueva York en estos días, es probable que no puedas creer que ya han pasado un poco más de dos semanas desde que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) anunciaron lineamientos más flexibles para el uso de cubrebocas, los cuales establecen que las personas completamente vacunadas pueden dejar de cubrirse la cara cuando estén al aire libre.

La primera semana de mayo, por ejemplo, los rostros de SoHo estuvieron en gran medida cubiertos, con la pequeña excepción de los comensales en restaurantes al aire libre. Un paseo por Harlem el fin de semana posterior al anuncio reveló un vecindario con una tasa de uso de cubrebocas cercano al 100 por ciento.

Incluso un vistazo casual a las multitudes en Central Park que aprovechan los recientes cielos despejados y las temperaturas veraniegas sugirió que la mayoría no estaba lista para dar el salto. Esto fue especialmente notable dado que los vecindarios alrededor del parque tienen algunas de las tasas de vacunación más altas de la ciudad.

Es cierto que no todos los cubrebocas que se vieron cubrían en realidad el rostro. Al menos en Manhattan, las mascarillas han estado migrando a diferentes lugares del cuerpo desde hace un tiempo: el lugar más común es debajo del mentón, ya que permite ponerlos con facilidad. Más recientemente, sobre todo entre quienes se ejercitan, la posición preferida parece ser la parte superior del brazo. Con menos frecuencia, son llevados en la mano.

Pero en todos los casos, son firmemente visibles. Al parecer, nadie quiere que se le confunda con una persona que se niega a usar un cubrebocas.

¿Por qué? La politización de las mascarillas durante toda la pandemia parece ser un factor. Poco después del anuncio de los CDC, la escritora Jessica Valenti tuiteó sobre la posibilidad de dejar de usar el cubrebocas: “¿Cómo puedo asegurarme de que la gente no crea que soy republicana?”.

Eso podría ser una simplificación excesiva del tema, sin mencionar que ser confundido con un republicano nunca ha sido muy probable en una ciudad que es abrumadoramente demócrata. Sin embargo, Nueva York también es una ciudad para caminar, en la que los residentes dependen mucho de las señales visuales, por lo que el uso continuo del cubrebocas pareciera significar algo.

Para muchos, ese algo es una preocupación genuina por los demás. Hace poco compartí el ascensor de mi edificio por primera vez con una mujer que tenía dos cubrebocas. “Estoy completamente vacunada”, me aseguró, “solo quiero que los demás no se preocupen”. De hecho, todas las personas con cubrebocas con las que he interactuado en las últimas dos semanas en mi vecindario del Upper West Side ya estaban vacunadas.

El contrato social en Nueva York es profundo, quizás más profundo que cualquier lineamiento oficial de salud. Los neoyorquinos se cubrieron el rostro desde temprano y no sorprende del todo que tras la crueldad de la primavera pasada —cuando aumentaron las muertes en la ciudad a tal punto que se tuvo que utilizar camiones frigoríficos como morgues temporales— el regreso a la normalidad sea algo lento.

“Es nuestro pacto social”, dijo Tene Raymond, quien vive en la sección de Fort Greene de Brooklyn y está completamente vacunada. “Todavía sigo con la mentalidad de que debo usar esto por respeto”, dijo sobre su cubrebocas.

Para Emily Gardner Xu Hall, que vive en Harlem, las experiencias de su familia a nivel internacional han influido en su manera de pensar. Sus padres viven en Londres, donde el uso del cubrebocas no fue obligatorio y tuvo como consecuencia otra cuarentena cuando surgió una nueva variante del coronavirus. También tiene primos en Shanghái, quienes experimentaron un confinamiento total en febrero de 2020.

“El uso del cubrebocas es lo mínimo que le puedes pedir a alguien”, dijo Hall, de 33 años. “Es como una señal que dice: ‘Oye, todavía estamos pasando por esto; no podemos fingir que se acabó’”.

En algunos lugares fuera de Nueva York, la decisión de utilizar mascarillas se ha visto más complicada por lineamientos que fueron flexibilizados antes de la guía sanitaria oficial.

Bridget Todd, presentadora de pódcast y estratega digital en Washington D. C., dijo que estaba influida por los eventos del 6 de enero, cuando muchos de los que protestaron y causaron disturbios en el Capitolio “fueron fotografiados en nuestros hoteles y restaurantes sin cubrebocas”.

“Fue una demostración muy clara del hecho de que no respetan nuestra ciudad”, dijo Todd, de 36 años. “Creo que usar un cubrebocas es una muestra de respeto a nuestra ciudad y a las personas que viven en ella”.

En el condado de Salt Lake en Utah, Tom Cook ha seguido cubriendo su rostro por completo, a pesar de que ese estado ya no tiene una ley que imponga el uso de cubrebocas. “Lo uso dondequiera que voy en reconocimiento de lo que sucede en el mundo que me rodea. Estoy tratando de demostrar que soy parte de una comunidad y me preocupo por los demás”.

Cook, de 38 años, dijo que hace poco ingresó a un negocio y se dio cuenta de que era la única persona que usaba mascarilla. “Fue incómodo. Me sentí observado. Hace un año mirabas a alguien que no estuviera usando un cubrebocas y lo juzgabas. Ahora es lo contrario”. En Utah, Cook siente que en la actualidad “es más aceptado no utilizar una mascarilla que utilizarla”.

Amber Briggle, que vive en Denton, Texas, y es propietaria de un local de masajes, implementó el uso obligatorio de cubrebocas cuando su estado permitió la reapertura de negocios en mayo del año pasado. A menudo, esa decisión fue una consternación para muchos de sus clientes. “Fue doloroso. Vi cientos de dólares alejarse, pero sabía que estaba haciendo lo correcto”. (Dos meses después, el gobernador Greg Abbott implementó el uso obligatorio de cubrebocas en todo el estado).

Un año después, tras haber regresado de un fin de semana en un complejo vacacional donde dijo haber visto a muchos de los huéspedes sin cubrebocas, Briggle, de 43 años, continúa usando mascarilla. “No sabes quién está vacunado y quién no”, dijo. “¿No puedes simplemente cumplir con tu deber como estadounidense para que podamos salir de esta pandemia?”.

Para algunas comunidades, hay decisiones más complicadas en juego. Hall, de ascendencia asiática, dijo: “He estado en muchos grupos de apoyo, y hay mucha gente que no se quita la mascarilla porque no quiere ser identificada como asiática”.

Aunque los índices de uso de cubrebocas son altos en Nueva York, sus residentes no se sienten necesariamente prejuiciosos. Cuando Raymond, de 45 años, ve a alguien con la cara descubierta en su barrio de Fort Greene, no concluye lo peor. “Asumo que necesitan un descanso de la mascarilla”, dijo. “En realidad, no creo que estén tratando de infectarnos al resto”.

Quizás solo sea cuestión de tiempo hasta que los cubrebocas en exteriores desaparezcan por completo. Se acerca un clima más cálido y el gobernador Andrew Cuomo anunció que la ciudad estará completamente abierta para finales de mes. El circuito de fiestas de Nueva York se reactivó esta semana con la feria de arte Frieze New York, la cual produjo muchas fotografías en las que se vieron a asistentes sin mascarillas, aunque los reportes señalaron de inmediato que todos tuvieron que proporcionar una prueba de vacunación para poder ingresar.

Mientras tanto, en Balthazar, el popular restaurante del centro, el comedor interior estaba notablemente ajetreado el viernes pasado, con pocas caras cubiertas a la vista. (Sin embargo, el baño estaba surtido con cajas de cubrebocas gratis).

“Cómo y cuándo la gente va a dejar de utilizar las mascarillas dependerá de sus personalidades y de cómo la pandemia los ha impactado a cada uno”, dijo Pria Alpern, una psicóloga radicada en Nueva York. “Necesitamos tomarnos nuestro tiempo para reorientarnos a la seguridad en un mundo pospandémico”.

Fuente: https://www.nytimes.com