¿Estamos preparados para flexibilizar los horarios de trabajo?

Esta nota de la periodista científica, Emily Laber-Warren, publicada en The New York Times aborda el tema que se puso en consideración muy fuertemente durante la pandemia y que para muchos marca un antes y un después en las relaciones laborales del mundo moderno.

El 30 por ciento de los trabajadores de todo el mundo que fueron encuestados el año pasado dijeron que considerarían buscar un nuevo trabajo si su empleador actual les pedía que volvieran a la oficina de tiempo completo. Los miléniales son los que más se resisten. En respuesta a la pandemia de COVID-19, PepsiCo, Meta y General Motors, entre otras empresas, han incorporado el modelo de trabajo a distancia en sus filosofías empresariales.

Sin embargo, en un lugar de trabajo verdaderamente flexible, la gente podría controlar no solo dónde trabaja, sino también cuándo. Southwest Airlines les permite a los pilotos elegir entre los horarios de vuelo matutinos y vespertinos. Unas cuantas empresas tecnológicas, entre ellas Automattic y DuckDuckGo, cuentan con políticas de “trabaja a cualquier hora” que permiten a los empleados volverse nómadas y viajar por el mundo o simplemente hacer diligencias entre semana. Pero este tipo de oportunidades siguen siendo poco comunes.

Creo que es una verdadera lástima que no haya más empresas aprovechando este modelo”, dijo Azad Abbasi-Ruby, analista sénior de estudios de mercado en DuckDuckGo. Agregó: “Terminamos muchos más proyectos, y creo que mucho de eso tiene que ver con esta flexibilidad, dejar que las personas trabajen cuando se sienten más productivas”.

El horario flexible es una expresión de moda, pero en la práctica no se usa mucho. Si bien algunos puestos sí dependen del horario (los maestros deben estar en la escuela en la mañana), no es el caso para muchos otros. Si más empresas de verdad adoptaran los horarios flexibles y les permitieran a los empleados trabajar cuando más les conviene, los expertos afirman que el resultado sería una fuerza laboral más saludable, productiva, creativa y leal.

Hay muchas razones por las que los trabajadores quizá quieran tener un mayor control sobre su horario laboral. Tal vez algunas personas viven en cierta zona horaria y trabajan en otra; por ejemplo, es posible que los analistas financieros que viven en Seattle o Los Ángeles no quieran comenzar su día a las 6:30 a. m. para coincidir con la apertura de la Bolsa de Nueva York.

O quizá tienen una situación en su vida, como una discapacidad o la responsabilidad de cuidar a alguien, que requiere de su atención durante la jornada de trabajo estándar. Unos 700.000 padres de hijos pequeños se retiraron de la fuerza laboral estadounidense en 2020, para muchos de ellos el motivo fue que sus hijos de pronto empezaron a estudiar desde casa. Las encuestas realizadas por el Centro de Investigaciones Pew indican que incluso antes de la pandemia, muchas madres, en particular, sentían que los conflictos entre sus obligaciones laborales y familiares habían perjudicado sus carreras.

Nuestros cuerpos también se beneficiarían de más flexibilidad en el trabajo. Cada uno de nosotros tiene un ritmo personalizado conocido como un cronotipo: un temporizador interno que rige las horas en las que, por naturaleza, dormimos o estamos más alerta. Para más de la mitad de los adultos, la hora de dormir biológica sucede después de la medianoche, lo cual significa que un horario laboral típico de nueve de la mañana a cinco de la tarde desestabiliza la sincronización de la mayoría de nosotros.

Nuestra ética de “a quien madruga, Dios le ayuda” a menudo se aplica a oficinistas que podrían hacer su trabajo con la misma eficacia a su propio tiempo. Un estudio de 2014 descubrió que los supervisores que se levantan temprano perciben a los empleados que llegan tarde como menos meticulosos, sin importar su desempeño laboral. Otros estudios demuestran que los trabajadores son más creativos y los líderes más carismáticos cuando están bien descansados y cuando sus horarios de trabajo y de sueño biológico están alineados.

Los trastornos recientes causados por la pandemia podrían dar paso a nuevos tipos de flexibilidad en el lugar de trabajo, según Alex Soojung-Kim Pang, pronosticador del sector tecnológico y autor de los libros Shorter y Rest. “He entrevistado a dueños de empresas que dijeron: ‘En febrero de 2020, el trabajo desde casa iba a ser mi lucha hasta la muerte. Estaba convencido de que mi empresa jamás lo haría. Y mi gente me demostró lo contrario en tres semanas’”, me dijo. “Lo que esto nos dice es que deberíamos cuestionar todo lo que damos por sentado sobre nuestra manera de trabajar”.

Pang sugirió que los empleadores deberían pensar menos en el tiempo que se le dedica al trabajo y más en la calidad. Ha identificado alrededor de 130 empresas, entre ellas Kickstarter y el gobierno de Islandia, que han adoptado la semana laboral de cuatro días y menos horas sin reducir los salarios ni sacrificar la productividad. “La persona más impresionante y profesional no es la que necesita 80 horas a la semana para terminar una tarea”, afirmó. “Es la persona que puede acabarla en 30 horas”.

Si las compañías de verdad adoptaran la flexibilidad de horarios, los trabajadores podrían dedicar sus horas de mayor energía —que suelen ser las mañanas para los madrugadores y las tardes o noches para los nocturnos— a las tareas que exigen más de su capacidad intelectual. Las personas podrían asistir a los eventos deportivos de sus hijos o preparar el almuerzo para un padre enfermo. Los empleados que padecen una enfermedad crónica podrían ausentarse durante una hora o dos para atender un episodio ligero de enfermedad sin tener que tomarse un día de incapacidad.

Dawna Ballard, profesora en la Universidad de Texas, campus Austin, quien se enfoca en el tiempo y el trabajo, tiene una historia que le gusta contar para ilustrar la importancia de dejar que las personas trabajen en sus propios horarios. Hace varios años, su familia se volvió adicta a unos huevos deliciosos con yemas naranjas brillantes que venían de gallinas de libre pastoreo y se vendían en un mercado local. Una semana, no hubo huevos porque, según le dijeron, las gallinas estaban en periodo de muda.

Cada cierto tiempo, las gallinas sueltan sus plumas y las vuelven a generar, un proceso tan extenuante a nivel fisiológico que muchas dejan de poner huevos hasta que este termina. Las granjas industriales aceleran la muda mediante la inanición, pero esta era una prueba que parecía indicar que, cuando las dejan seguir su ciclo natural, las gallinas pueden producir huevos de primera.

Ballard de inmediato detectó una analogía para las personas. Aunque a menudo nos someten a rutinas rígidas y estandarizadas, somos seres biológicos cuya productividad sube y baja, no solo en el transcurso de un día, sino también cuando semanas de trabajo arduo crean la necesidad de restaurar nuestra energía.

Unos cuantos ajustes sencillos a la cultura laboral harían una gran diferencia, según afirman Ballard y otros. Descartar todas las reuniones, excepto las más esenciales. No suponer que los trabajadores a distancia están siempre disponibles ni usar programas invasivos de software para vigilar que hagan su trabajo. Enfocarse en los resultados y normalizar las horas de inicio más tardías. Para fomentar la colaboración entre los trabajadores con horarios diferentes, las empresas podrían fijar un horario central limitado.

Las gallinas sabían cuál era el ritmo que preferían seguir. En realidad, todos tenemos eso”, dijo Ballard y agregó: “No todos los días ni todos los minutos pueden ser iguales”.
Mencionó que tal vez así funcionan las máquinas, pero “así no funcionamos nosotros. Nos descomponemos”.

Por Por Emily Laber-Warren, directora del programa de reportajes sobre salud y ciencia en la Craig Newmark Graduate School of Journalism de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.

Fuente: https://www.nytimes.com/es