Esto recién empieza

Nadie quiere demonizar a los jóvenes” dicen los funcionarios, pero sin querer queriendo las nuevas medidas apuntan claramente a esta franja de la sociedad que después de 10 meses de encierro -sin clases en colegios y universidades, sin poder salir al cine, a bailar, o simplemente encontrarse con amigos más allá de la virtualidad- se hartaron y decidieron “hacer la suya”.

¿Es comprensible? ¿Está bien? No lo sabremos hasta dentro de un tiempo bastante largo, pero las consecuencias, aparentemente, se ven en el corto plazo.

Las restricciones de movilidad en horario nocturno que el Gobierno Nacional sugiere a los gobernadores e intendentes es consecuencia de la falta de responsabilidad social que hizo crecer el número de contagios en muchos distritos. Los responsables son jóvenes y no tanto.

Las imágenes nos muestran fiestas multitudinarias en playas, cientos de personas a la orilla de un delicioso río cordobés, y también hordas de compradores por aquí y por allá. No importa el lugar, la realidad es que esto sucede en todos lados lamentablemente.   

En las esferas del gobierno se deben haber cansado de las críticas y de la falta de conciencia social, por eso la sensación de desencanto, de arréglense como puedan, de tirar la pelota afuera, que da como resultado esta medida de circulación restrictiva que termina siendo un ni.

Una medida que afecta por sobre todo a la actividad turística en la más alta temporada vacacional, donde todo aquel empresario que reabrió sus puertas ya no las quiere volver a cerrar… no las puede volver a cerrar.

Hoteleros y gastronómicos de todo el país ya no saben cómo explicar que se están quedando sin aire.

Agotaron las ayudas estatales, se endeudaron con créditos que no saben cómo van a pagar, utilizaron recursos familiares para sostener a las empresas y a los empleados, su capital mas preciado. Lo mismo sucede con todos los rubros vinculados al turismo.

Los agentes de viajes tampoco encuentran el Norte en su brújula, ya que su ánimo oscila entre el optimismo que producían las pocas ventas que se estaban generando con la incertidumbre que provoca el incremento de contagios. Ni siquiera la excelente idea del plan PreViaje 2021 alcanzó para estabilizar las arruinadas economías de las empresas vinculadas al sector como se había pensado.

Tampoco encuentran en el Estado un socio que los acompañe en esta etapa, porque en el fondo de la cuestión no saben muy bien cómo encarar el tema.

Sin los ATPs los empresarios no podrán sostener las estructuras básicas de sus empresas y a sus empleados. Es cierto que se está poniendo en marcha el REPRO II, pero hay que preguntarse si los 9000 pesos que les darían para pagar sueldos alcanza realmente.

El sector gastronómico, que es el que más cerca está de ver una mejora en su negocio, entiende que el cierre temprano de sus locales los condena definitivamente. Más vale cerrar y esperar a ver cómo sigue la cosa.

Algún iluminado incluso llegó a preguntar si no era posible que la gente se acostumbre a salir más temprano a cenar ¿Cómo? Si, como sucede en varios países del mundo dijeron.

Para el argentino promedio cenar es después de las 10 de la noche, sobre todo si de salir a comer afuera se trata. Es una costumbre tan arraigada como para los alemanes o americanos comer a las seis de la tarde. ¡No va a andar! Decía una vieja publicidad.

El 2021 ya nos pegó el primer cachetazo, y esto recién empieza.