¿Hacia dónde vamos?

Las nuevas medidas económicas que no han dado el resultado esperado y el dólar, que voló por las nubes, provocaron una semana convulsionada en un país dominado por la especulación e incertidumbre.

Los días pasan, con o sin cuarentena, lo que prefiera, y la volatilidad de nuestra moneda provoca que el país se paralice en busca de un beneficio especulativo que deja de lado el valor del trabajo.
Ya no se trata de si el hombre común puede viajar o no, se trata de cómo la especulación nos hace perder de vista hacia dónde vamos como país, mientras la grieta aflora con toda su fuerza.
En las últimas semanas la variación de precios en todos los rubros de nuestra economía se hizo notar de forma despiadada, se perdieron los valores de referencia y viejos temores aparecieron en el horizonte.
En esta Argentina caótica, donde el patrón dólar rige nuestras vidas, el turismo ha dejado de ser el causante de todos los males; y también la respuesta corta a aquellas preguntas que nadie sabe muy bien cómo responder cuando alguien quiere saber el porqué de una crisis.
A los señores respondedores seriales, que pululan por los micrófonos de radios o cámaras de TV deberíamos decirles que no es el turismo el responsable de la fuga de divisas -la falta de actividad en más de 7 meses así lo indica- e invitarlos a buscar en otro lado la raíz del problema; porque la historia demuestra que, en situaciones como la que estamos viviendo, la actividad turística siempre fue parte de la solución, no del problema.
La sensación es que la actividad turística no es política de estado en este momento, algo que podría justificar la demora en la toma de decisiones de los funcionarios de turno, que ignoran que esas decisiones hacen a la conservación de puestos de trabajo y al sostenimiento de muchas economías regionales.
Es cierto que la asistencia económica ayuda, pero hace falta la previsibilidad necesaria para poder actuar en consecuencia, y eso no está sucediendo.
El valor del dólar paraliza, pero la falta de certezas impide visualizar el futuro que se avecina.