¿La globalización iguala para abajo?

Varias décadas atrás se comenzó a hablar de un proceso económico, tecnológico y cultural que llevaría a la humanidad a un punto de no retorno, la globalización.

Desde una norma social, una nueva forma de comunicarnos o simplemente encontrar los mismos autos en cualquier parte del mundo, la globalización nos mostraba cómo la civilización apuntaba a igualarnos en el planeta, salvo en aquellas regiones en las que la tecnología no llegaba a penetrar las costumbres locales.

Es así que poco a poco cadenas de comida rápida como McDonald’s`, o bebidas como la cerveza Stella Artois, fueron ganando presencia y hoy es posible encontrarlas en casi cualquier parte.

Pero de repente, algo cambió y lo incorrecto también comenzó a globalizarse.

Por ejemplo, discutir la definición de unas elecciones presidenciales en Estados Unidos, ¿a quién se le hubiese ocurrido hace unos años pensar que un presidente podría cuestionar públicamente el resultado obtenido?

Sólo en Latinoamérica, tal vez en África, quizás en Medio Oriente, pero nunca en el llamado “Primer Mundo”.

Que las manifestaciones populares callejeras tan propias de Argentina hoy se reproduzcan en España, Francia o Alemania, nos habla de una cultura que está yendo en sentido inverso al que creíamos que se debería dar. Esto también es globalización.     

El negocio turístico es uno de los recursos económicos más preciados en los países del Primer Mundo, y también en los del Segundo, o el Tercero… Genera riqueza, paga impuestos, emplea mano de obra y es una actividad que salvo en lugares como Barcelona, Venecia o Ámsterdam donde la invasión de espacios urbanos afecta la calidad de vida, siempre es bienvenida.

Meses atrás en nuestro país se realizó una de las marchas más importantes de agentes de viajes buscando visibilizar los problemas originados por la falta de trabajo que produjo la pandemia del Covid 19, esta semana hechos similares ocurrieron en Escocia o España y  anteriormente también en Italia, Alemania o Bélgica.

Lo curioso, es que a pesar de que el turismo es una actividad económica relevante para las arcas de los Estados, poco a poco el sector ha ido quedando relegado en las decisiones gubernamentales, y este efecto se ha dado también de forma globalizada en casi todos los países del mundo.

Resulta paradójico que siendo un recurso económico que produce tantos beneficios en tiempos de bonanza sea menospreciada en la adversidad.

El mundo es testigo de una situación inédita en la historia, pero todos, de una manera u otra han caído en un lugar común, la inacción de hechos concretos y reales que permitan entender cómo seguir, incluida la Argentina.

Tal vez sería “naif” pensar porqué si sucede allá no debería suceder acá.

La realidad es que cada país generó recursos para evitar el cierre de las empresas y que la gente perdiera sus puestos de trabajo, en nuestro país todo parece indicar que las ideas se siguen chocando con la realidad.