La grieta, otra vez la grieta

En las últimas semanas se conoció que el ex Ministro y Secretario de Turismo de la Nación Gustavo Santos comenzaría a trabajar para el gobierno brasilero en la promoción del destino Brasil, un hecho inusual, porque es la primera vez que un funcionario argentino del sector turismo termina cumpliendo funciones en el mismo rubro en otro país.

Exponiendo una vez más los alcances inconmensurables de la grieta política que domina a la sociedad argentina, hemos escuchado en estos últimos días a funcionarios, dirigentes, empresarios y periodistas haciendo un análisis de esta inédita situación, y no en los mejores términos.
Sin pretender atacar o defender al ex funcionario de la administración MM, observamos que un hecho tan simple como haber conseguido trabajo en otro país, en este caso Brasil, no ha pasado desapercibido para el cuestionamiento o la defensa del ex funcionario.

Es como un River-Boca, o mejor aplicable un Belgrano-Talleres, donde técnicos y jugadores jamás podrían vestir la camiseta de su histórico rival vaya uno a saber por que estúpida tradición, ya que ejemplos sobran en el mundo.

Jugadores, técnicos o ex funcionarios son profesionales, trabajan por una paga, y la histórica rivalidad queda solo para la pasión de los hinchas -correligionarios, compañeros, camaradas- que cada vez están más desapasionados por la forma en que la política convive con la vida de las personas.

Gustavo Santos también es un profesional y como profesional que es le dio a su gestión la impronta de su personalidad: excelente orador, apasionado en sus convicciones y defensor a muerte de su Córdoba natal, independientemente de cuanto gustó o no su paso por la cartera de turismo nacional.

Y sin ánimos de polemizar, lo cierto es que el 10 de diciembre se quedó sin trabajo y me resulta difícil reprocharle si sus nuevas funciones están en Brasil o en la OMT en España con su amigo Zurab Pololikashvili.

Los que estamos vinculados a la actividad turística solemos jactarnos de la transversalidad del turismo a pesar de que Córdoba y San Luis dejaron de figurar en el mapa turístico hasta el año 2015, y lo mismo sucedió con la Patagonia muchas veces, que pasó inadvertida hasta el 2020.

Entiendo que muchos históricos de la actividad no fueron reconocidos por la gestión de la Administración MM, como muchos otros no lo fueron en la administración CFK; y seguramente algunos quedarán relegados con la actual administración. En todos los casos son las reglas del juego que impone la política, donde invariablemente se prioriza la amistad por sobre el profesionalismo. Sucede acá y también en el resto del mundo.

Lamentablemente estamos empezando a formar parte de esa grieta que no nos conduce a nada. En definitiva no deberíamos juzgar por el color de la camiseta, ni siquiera por el grado de amistad de los políticos, sino evaluar si es o no un buen profesional, y hacerlo en tiempo y forma.