La Ley de Murphy de los viajes

Para el equipo olímpico de las Islas Cook regresar desde Japón a sus hogares fue la peor de las pesadillas: tardaron dos meses y medio en volver.

El ocho de agosto pasado se acabaron los Juegos Olímpicos para los pocos representantes de las islas Cook que habían ido a Tokio a intentar obtener una medalla por primera vez en la historia. Con menos de 20 mil habitantes, es relativamente lógico que este territorio, independiente pero asociado a Nueva Zelanda, no haya obtenido grandes resultados.

Sin embargo, estos días está en boca de todos porque tras más de dos meses, el trece de octubre, finalmente la delegación de deportistas ha llegado a casa. No crean que se fueron de juerga, sino que así es como se viaja hoy en el Extremo Oriente, por culpa del Covid.

Los seis representantes de las Islas Cook (tres piragüistas –una de las cuales, Jane Nicholas, se puede ver en la fotografía–, dos nadadores y un atleta), además del presidente del Comité Olímpico Nacional, Hugh Graham, y varios técnicos del equipo partieron de Tokio a principios de agosto y se desplazaron a Nueva Zelanda. Estas islas, totalmente aisladas del mundo, obligaron a la delegación a seguir una cuarentena de dos semanas. 

Eso explica que hasta finales de agosto los deportistas se mantuvieran en la capital de la isla del sur de Nueva Zelanda, Christchurch, a donde habían llegado desde Japón. Entonces se les permitió desplazarse a Auckland, en la isla del Norte, desde donde debían tomar un avión para su pequeño archipiélago. Pero entonces ocurrió que el Gobierno de Nueva Zelanda, decidió confinar la ciudad porque habían aparecido algunos casos de Covid. El cierre d Auckland duró dos meses, periodo durante el cual la delegación de Cook estuvo retenida en la ciudad. Aquello, ya se imaginan, fue un infierno que finalmente acabó. Entonces, al levantarse las restricciones, tuvieron que hacerse tres pruebas diferentes de Covid y como todas salieron negativas, pudieron finalmente coger el ansiado vuelo a Avarua, la capital de su mínimo estado. 

Aunque ya habían llegado a su país, fueron nuevamente confinados porque en su país todo el que llega del extranjero tiene que someterse a una cuarentena. Pasaron esas dos semanas en Rarotonga, donde está la capital. 

¿Se explican que en Cook nunca ha habido ni un caso de virus? Lógico, ni el Covid puede soportar tantos controles.

Fuente: https://www.preferente.com