La Revolución de los amigos

Esta historia podría haber comenzado hace muchos años, quizás en 2011, cuando fue invitado a ser parte del Foro “Ciencia y Turismo: Uniendo Teoría y práctica” organizado por la Red de Conocimiento de La Organización Mundial de Turismo -OMT- y la Universidad de Algarve (Portugal).

O tal vez en 2015 siendo asesor del entonces secretario general de la OMT, Taleb Rifai, fue nombrado presidente del Comité del Programa y el Presupuesto.

Quizás en 2018, cuando fue designado presidente del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial del Turismo.

O finalmente cuando concluyó su mandato como secretario de Turismo de la Nación después de que su cartera fuera degradada de Ministerio a Secretaría de Turismo en el gobierno de Mauricio Macri.

Hablamos de Gustavo Santos, recientemente designado por su amigo personal Zurab Pololikashvili como Director Regional para Latinoamérica de la OMT.

El hoy diputado por la coalición Juntos por el Cambio, finalmente alcanzó un lugar en la entidad internacional que desde hace más de 10 años lo tuvo como protagonista por méritos personales y por haber sabido relacionarse políticamente con el organismo.

Aunque no todo el mundo lo sabe en 2019 el ex funcionario tenía todo preparado para formar parte de la OMT en Madrid y así lo habría acordado con el actual ministro de Turismo y Deportes, Matías Lammens, pero una decisión de la Jefatura de Gabinete le impidió cumplir con sus expectativas cuando fue sucedido en las oficinas de Suipacha 1111.

El tiempo pasó y la incorporación de Gustavo Santos al organismo internacional tiene un cierto olor a revancha y mucho de derrota para el gobierno argentino.

En un contexto más conciliador podríamos decir que el hecho de que un argentino sea designado para ese cargo debería ser un honor para el país, hablando desde la transversalidad que ostenta la industria sin chimeneas.

Sin embargo, la noticia no fue muy bien recibida en los pasillos del Ministerio de la calle Suipacha donde la grieta política es más fuerte.

La noticia sorprendió a propios y extraños, y si bien algunas opiniones apuntan a la capacidad del Diputado Nacional muchos otros plantean como una falta de respeto que esa designación no haya caído en alguien nominado por el gobierno argentino, que estaría elaborando una carta de rechazo a la designación desde la propia Cancillería.  

Tal vez, como dijo hace unos días la joven legisladora porteña Ofelia Fernández, “los gritos que se cruzan de un lado al otro de la grieta en las altas esferas son charlas e intercambio de opiniones cuando bajan al llano y los micrófonos se apagan”.        

¿Será así?