Los tiempos de unos, los tiempos de los otros

Podemos asegurar que la actividad turística mundial está seriamente comprometida desde hace un año y también que buena parte de los gobiernos del mundo parece no comprender la gravedad de lo que está sucediendo, provocando un nivel de incertidumbre difícil de aplacar.

Esto sucede a lo largo y a lo ancho del planeta y nuestro país no se queda atrás con sus pobres respuestas.
En los inicios de la pandemia, cuando el presidente Fernández decreta el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, el Estado inicia un plan de ayuda mediante el Programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción, mejor conocido como ATP, asignando un monto de dinero que representaba el 50% del salario neto del trabajador o de la trabajadora correspondiente al mes de febrero de 2020.
Esa ayuda no podía ser inferior a una suma equivalente a un salario mínimo, vital y móvil ni superar dos salarios mínimos, vitales y móviles, o al total del salario neto correspondiente a ese mes. ¿Se acuerdan?
Ese ATP fue prorrogado a lo largo de los meses para los sectores más afectados de la economía nacional, y se contempló muy criteriosamente a la hotelería, la gastronomía y el turismo como uno de esos sectores.
Ahora bien, este Programa finalizó en diciembre y por más que todos los integrantes de la Cámara Argentina de Turismo en forma individual o colectiva solicitaron su continuidad por seis meses más, la respuesta del gobierno, a través de diferentes funcionarios, fue un NO contundente.
Aquí debemos detenernos y pensar que casi todos los integrantes del sector tuvieron facturación 0 por más de 7 meses, y que unos pocos locales gastronómicos y algún que otro agente de viajes comenzaron a ver ingresos en sus arcas recién en octubre o noviembre, lejos de cubrir mínimamente sus costos operativos. De los hoteles mejor no hablemos.
A pesar de los reclamos de la dirigencia, los funcionarios se tomaron su tiempo para elaborar un nuevo plan de ayuda, lo que provocó que muchos empresarios decidieran cerrar sus establecimientos por temor a seguir endeudándose. ¿Se entiende?
Sin embargo, surgió una luz de esperanza cuando se comenzó a hablar del REPRO II, que es una ayuda, sin dudas, pero que podría entrar en la categoría de limosna.
Cuando los funcionarios de la Administración Fernández definieron que los sectores críticos, como la actividad turística, recibirían solo 12 mil pesos, muchos empresarios se sintieron más solos que nunca.
La actividad turística produce el tercer o cuarto ingreso de divisas del país y la ayuda ofrecida parece insuficiente ante la recaudación que produce por todo concepto.
Después podrá venir la discusión de dónde sale el dinero y se entiende, pero en principio es una mirada muy subjetiva que no contempla la cantidad de empleos calificados que se están perdiendo en el país.
Durante la vigencia del ATP, en el sector turismo se presentaron 19 mil empresas y se cubrieron las necesidades de 211 mil empleados. En ese momento toda la economía del país estaba detenida en el tiempo y el turismo era uno más entre los rubros paralizados.
A casi un año del 19 de marzo de 2020 la mayoría de esos rubros están en vías de recuperación y comenzaron a desandar el camino de la facturación 0. La actividad turística no.
En el mundo tampoco han sido muy creativos a la hora de buscar el sostenimiento del sector, pero se han esmerado un poco más, sobre todo a la hora de reducir o eximir al empresario y sus empleados de contribuciones imposibles de pagar durante la crisis.
Una vez más dejamos en claro que entendemos la dificultad que significa crear un plan de ayuda para el sector, pero ¿alguien estará pensando en los miles de trabajadores que irremediablemente perderán sus empleos y en los miles de empresarios que perderán sus empresas?
Hace poco hablábamos de la resiliencia del sector, pero los tiempos transcurren más rápido para aquellos que ven como se pierde su futuro que para los funcionarios que toman las decisiones.