Más papistas que el Papa

Esta reflexión surge de una charla mantenida con una amiga hace pocos días, y pretende ayudar a evitar que los mismos errores se cometan dos veces.

Uno de los rubros de la actividad turística más afectados en nuestro país, a raíz de la pandemia del Covid 19, fue, y sin temor a equivocarnos, el alquiler de vehículos sin chofer.

En aquel recordado 19 de marzo del año pasado, se decretaba el ASPO –Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio-, se suspendían los vuelos tanto nacionales como internacionales, quedaban inactivos los buses de media y larga distancia y se prohibía el traslado interprovincial de todos aquellos que no fueran trabajadores esenciales. Por supuesto también la actividad turística y todo lo que estaba comprendido dentro de esta actividad.

El país se detuvo de golpe y sólo quienes estaban vinculados a la salud, provisión de alimentos, medios de comunicación o energía podían salir y hacer uso de los medios de transporte públicos. Hasta ahí todo lógico y entendible. Había que evitar la propagación del virus, pero…

En la Argentina las rentadoras de autos, por formar parte de la actividad turística, también cayeron en la decisión de la Administración Fernández de quedarse en casa, una decisión tomada un poco por inexperiencia en la materia y otro poco por ignorancia. Ignorancia atribuida al no saber escuchar, fundamentalmente.

Para el observador neófito, las rentadoras de autos brindan servicios a turistas nacionales e internacionales, a viajeros de negocios y se pueden transformar eventualmente en flotas de empresas. Y además…

Por alguna razón no muy clara para quien escribe, las rentadoras de autos eran la mejor alternativa para los profesionales esenciales que no debían, no podían o no querían utilizar el servicio público de transporte, es decir, las rentadoras de autos estaban en condiciones de brindar un servicio a todos aquellos que no disponían de un vehículo propio pero debían cumplir con tareas esenciales.

En los primeros meses de la eterna cuarentena que supimos sobrevivir, las rentadoras de autos instauraron rápidamente nuevos protocolos de entrega y recepción de los vehículos, la limpieza de los mismos y, fundamentalmente, el cuidado de su personal y de los pasajeros.

En abril, escasos días después de declararse la pandemia, la Cámara Argentina de Alquiladoras de autos le solicitó al Ministro de Turismo y Deportes que se les permitiera desarrollar “servicios esenciales” para el traslado de todos aquellos que estaban involucrados en la lucha contra el Covid, y lamentablemente otra vez apareció el pero… o peor, el silencio.

Las rentadoras de autos son mucho más que una actividad turística, una cosa es no saberlo, y siempre se puede aprender y reconocerlo, pero otra muy distinta es cerrar los ojos y hacer oídos sordos permaneciendo en la ignorancia.

Muy distinto fue el panorama para el mismo rubro en España, por ejemplo, donde ya el 25 de marzo de 2020 desde el Ministerio de Transporte, Movilidad y Agenda Urbana se emitía una orden que las clasificaba de “actividad esencial” y les permitía el alquiler de vehículos sin conductor para todas las personas que debían “trasladarse para la compra de productos de primera necesidad y farmacéuticos, asistir a centros, servicios y establecimientos sanitarios, acudir al trabajo sean  centros sanitarios o financieras, o para asistir y cuidar a mayores, menores o personas especialmente vulnerables”.

Actitudes similares tuvieron lugar en Chile, Perú y muchos países mas en Latinoamérica y el mundo.

A veces resulta difícil entender la incomprensión de los funcionarios públicos, porque comprendemos que todas las medidas tomadas y por tomar resultan de una estrategia para salvar vidas, pero evitar que las rentadoras de autos se pongan a disposición para ayudar a reemplazar el transporte público es un gran mérito de la ignorancia de algún funcionario que pretende ser más papista que el Papa.