Mientras lloran por Messi, Barcelona se queda sin aeropuerto ampliado

Definitivamente este no ha sido el año para la ciudad Condal. Un nuevo golpe histórico para el turismo de Barcelona acaba de confirmarse, y se suma a otros tan recientes como la marcha de un icono como Messi, o del pasado como que en los 80 se perdiera la opción de acoger Eurodisney.

La decisión de suspender la extensión de la pista que da al mar en 500 metros, y la construcción de una terminal satélite en el Aeropuerto de Barcelona-El Prat fue anunciada ayer por la ministra de Transportes de España, Raquel Sánchez, dando por terminado el acuerdo entre el Gobierno y la Generalitat logrado hace a penas 5 semanas.

El aeropuerto de El Prat no podrá iniciar una eventual ampliación al menos hasta dentro de cinco años. Otra oportunidad única se despide ante el rechazo de la mitad de la Generalitat que supone ERC, y el del Ayuntamiento de Barcelona, de igual modo que la posición en contra de la parte minoritaria del Gobierno central.

La noticia ha sido un mazazo para quienes buscaban crear prosperidad, al tratarse del proyecto clave de los últimos años en Cataluña. Y se ha dado en el peor momento, no solo porque la pandemia ha dejado maltrecho estructuralmente el negocio de los congresos y los viajes de trabajo, sino porque ya en la última década se venía dando un declive.

Barcelona en 2011 registraba literalmente el doble de tarifa diaria promedio hotelera que Madrid, y con el tiempo prácticamente se ha igualado, de un modo parecido al RevPar -ingreso medio por habitación disponible-. En este tiempo la Ciudad Condal perdió la opción de acoger un Four Seasons, marca que hoy luce en la capital.

Mientras en Barcelona se impuso desde 2015 una moratoria hotelera, en medio de un modelo con Las Ramblas como símbolo del turista sin camiseta y ruidoso, la Madrid de Manuela Carmena fomentaba la llegada de marcas hoteleras de lujo en torno a la Gran Vía, La Puerta del Sol, y el Barrio Salamanca y la Castellana.

La exalcaldesa madrileña demostró aceptar a quien piensa diferente y primar empleo a dogmas, mientras en Barcelona se ponían pegas a acoger una sucursal del Museo Hermitage, para reforzar su atractivo cultural ante la fuerza capitalina en este apartado con el Prado, el Reina Sofía y el Thyssen.

Barcelona, con el atractivo de su arquitectura contemporánea y modernista, con su clima, costa y gastronomía, había creado marca en todo el mundo, y se vio también favorecida por club de fútbol que apuntaló su proyección internacional, alimentada a su vez por un icono global como Leo Messi, cuyos productos han poblado las tiendas de souvenirs.

La marcha del astro argentino, la más traumática de la historia del deporte, ha coincidido con el mayor desplome de los gigantes turísticos catalanes, con una endeudada Hotusa que lidera con mucho a las hoteleras en la petición de un rescate público, o a una Edreams también acumulando unas enormes pérdidas en plena crisis de modelo.

Tanto Hotusa como Edreams dejaron su sede catalana en los días más tensos del desafío independentista en 2017, de igual modo que hizo entonces una institución para la sociedad local como el banco La Caixa, pero el resto de grandes empresas turísticas catalanas están aguantando gracias a su presencia por el resto de España y el extranjero.

Las grandes familias turísticas catalanas lograron dar a su región una época de esplendor, que comenzó a torcerse también cuando Joan Gaspart reclamó su protagonismo con una fallida visión de una Spanair pública, mientras una Vueling liderada por el impetuoso Álex Cruz marcaba el camino a seguir.

La pérdida de atractivos turísticos para la región ya tuvo un punto de inflexión en 1985 cuando Disney tuvo que elegir entre los terrenos de una Salou donde hoy está Port Aventura y una París que vio dispararse su cifra de viajeros al acoger el primer parque europeo del gigante de la animación.

En ese momento se culpó a la falta de seducción e interés para convencer a los directivos de Disney, pero desde hace un tiempo en Barcelona y Cataluña parecen repetirse esos mismos errores, como puede verse con la fallida ampliación de El Prat, la incapacidad para retener a Messi, el desprecio institucional al Hermitage, o el rechazo a Four Seasons y a su turismo de lujo.

Todos estos capítulos marcan un antes y un después en cuanto a lucro cesante para la economía turística catalana. Una serie de infortunios que han minado la liberación de todo el potencial que una ciudad tan ricamente dotada como Barcelona, y una región tan completa como Cataluña, hubieran podido revertir en el desarrollo de la vida de sus habitantes.

Fuente: https://www.preferente.com