¿Por qué tenemos miedo a volar?

Después que la OMS decretara la Pandemia del Covid 19 nuestro país tomó una serie de medidas que impactaron de lleno en la actividad turística, pero fundamentalmente en el sector aerocomercial, que es quien alimenta de turistas a todos los destinos del país, nacionales e internacionales.

El día 16 de marzo mediante un Decreto del Poder Ejecutivo se prohibía el ingreso al territorio nacional a personas extranjeras no residentes en el país, a través de puertos, aeropuertos, pasos internacionales, centros de frontera y cualquier otro punto de acceso.
Pocos días más tarde, el 20 de marzo, el presidente Alberto Fernández decretaba el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio –ASPO- mediante el cual se prohibían los vuelos regulares tanto de cabotaje como internacionales en todo el territorio nacional.
Esa medida regiría en principio hasta el 31 de marzo pudiendo prorrogarse de ser necesario. Y así fue. ¡Se prorrogó!
Y tanto se prorrogó que llevamos más de 200 días con los aeropuertos cerrados a cualquier operación “regular” y con la mayoría de los aviones en tierra desde entonces.
Hubo vuelos de repatriación, de carga y “especiales” de varias aerolíneas, pero no alcanza para sustentar al sector turístico, y mucho menos para amortizar los costos de una línea aérea.
Hasta el día de hoy las idas y venidas han sido tantas que la confianza se va perdiendo de a poco y se cae en la incredulidad.
Primero se dijo que en julio ya se podría volar cabotaje para permitir que las vacaciones de invierno se desarrollaran normalmente; después se paso a agosto, septiembre, octubre… y siempre los contagios eran la excusa perfecta para las cancelaciones.
Según el ministro Meoni los vuelos de cabotaje comenzarían el 12 o el 15 de octubre, en pleno pico de la pandemia en todo el país, y sin mucha convicción. ¿Qué podría cambiar entre el 12 y el 15?
¿Las autoridades del Ministerio de Transporte de la Nación sabrán cómo es la operatoria de una línea aérea? En caso de que no lo sepan, quisiéramos recordarles que un avión no es un taxi al que sólo se lo pone en marcha y sale a buscar pasajeros.
En un avión hacen falta revisiones técnicas, que son más que exhaustivas después de estar tanto tiempo en tierra, y para ello hay que convocar mecánicos, conformar a las tripulaciones con pilotos a los que no se les haya vencido la licencia, poner en marcha las oficinas de venta, diseñar la programación con horarios y rutas de acuerdo a la cantidad de vuelos, comunicarse con los pasajeros para que puedan reprogramar sus tickets si fueron adquiridos antes del cese de operaciones o en el caso de querer adquirirlos… La lista es inmensamente larga. No es lo mismo el 12 que el 15, ¿se entiende? ¿O será que piensan sólo en una sola línea aérea? No se entiende. No es claro el mensaje.
Además, no debemos olvidar que se deberían poner en marcha los nuevos protocolos de higiene y seguridad en cada aeropuerto que comience a recibir aviones y pasajeros.
Evidentemente algo falló en los cálculos, ¿pero tanto?
Si alguien creyó que los aviones iban a ser el factor de contagio del Covid 19, podemos decirle que después de 200 días sin vuelos regulares la enfermedad no ha desparecido, es más, los contagios siguen creciendo en casi todo el país.
Según IATA, desde que los aviones comenzaron a volar nuevamente sólo se han podido registrar 50 contagios en todo el mundo a bordo de un avión, una cantidad ínfima que demuestra que las medidas que se han tomado para convertir a las cabinas en un espacio seguro son las correctas. Entonces ¿por qué tenemos miedo a volar?