Previsibilidad

En el país y en el mundo ser operador turístico o agente de viajes se convirtió en un negocio de alto riesgo.

Desde el comienzo de la pandemia vivieron momentos de angustia cuando hubo que repatriar pasajeros desde cualquier rincón del planeta y observaban cómo la actividad turística se caía igual que una hilera de fichas de dominó.
Más tarde se estresaron al reprogramar una y otra vez las salidas de sus pasajeros por las cancelaciones de las líneas aéreas.
Como si esto fuera poco, en más de una oportunidad debieron confrontar con sus proveedores para obtener la devolución de los servicios no prestados y cancelados, o al menos obtener la postergación de aquellos servicios solicitados.
Sin embargo, el peor de los males que sufrieron fue que estuvieron obligados a suspender su actividad por tiempo indeterminado mientras debían mantener a su plantilla laboral.
A más de 10 meses del inicio de la pandemia del Covid 19, empresas mayoristas y agentes de viajes debieron agudizar el ingenio y reconvertirse.
Así nacieron las capacitaciones virtuales, el “home office”, las reestructuraciones internas y un cambio drástico del modelo de negocios.
Ya nada sería igual y el producto estrella dejó de ser un viaje al Caribe, a Brasil o Europa, para pasar a ser el Norte Argentino, la Patagonia o las Cataratas del Iguazú.
Y parecía que el negocio turístico volvía a empezar casi desde cero. Había que reconvertirse.
Sin embargo, la previsibilidad demora el crecimiento del desarrollo del turismo interno porque no existe en nuestro país.
A las medidas restrictivas impuestas por el gobierno nacional, que incluye el cierre de fronteras y el ingreso de turistas desde el exterior, se le suma la volatilidad de las tarifas que manejan los proveedores de servicios nacionales.
Esa falta de previsibilidad, de la que hablábamos antes, impide planificar a futuro, algo esencial en cualquier negocio que se precie.
Cuando Boris Johnson anuncia el momento en que dejará de haber aislamiento en Gran Bretaña, el consumidor comienza a manifestar sus deseos reprimidos de volver a viajar, y lo hace de tal manera que genera una corrida como pocas veces se ha visto a la hora de volver a comprar servicios turísticos. Esto es previsibilidad.
Sin previsibilidad no hay negocio que pueda sostenerse, mucho menos en turismo, donde la gente debe saber con anticipación cuándo y adonde puede viajar.
Entendemos las condiciones de sanidad, económicas y políticas de Argentina, pero solamente con previsibilidad vamos a hacer de la actividad turística el motor del despegue económico que nuestro país necesita.