Reflexiones en tiempo de Covid 19

El 20 de marzo pasado daba inicio una nueva etapa inédita y diferente en nuestras vidas. Comenzaba algo desconocido para nosotros, nos empezaba a sobrar tiempo, y a medida que pasaban los días los sentimientos encontrados comenzaron a aflorar.

Relax, sorpresa, aburrimiento, miedo, desesperación; y así hasta que llegamos a acomodarnos a una nueva realidad. Entonces comenzamos a organizar nuestros días para acompañar a la familia, a llevar mejor el encierro y por supuesto también a comenzar a ver qué hacer con ese tiempo que nos sobraba.

En la última edición de “La Otra Mirada” presentamos una charla muy interesante con el CEO de Europamundo, Luis García, un señor español muy locuaz, inteligente y creativo, pero por sobre todo un gran observador de la realidad.

Entre tantos temas que tocamos hubo uno que me hizo reflexionar un buen rato acerca de la realidad de la actividad turística, pero fundamentalmente la realidad de los agentes de viajes -si no lo hicieron les sugiero que la vean en www.contracuadro.com.ar, y presten mucha atención a su percepción de los agentes de viajes argentinos-.

Volviendo a mi reflexión, recuerdo que, desde la llegada de internet a nuestro trabajo, allá por 1995, que escucho algo así como la muerte anunciada de los agentes de viajes. Más tarde fue con la llegada de los portales de las líneas aéreas y los buscadores de reservas hoteleras. Finalmente, las OTAS, que con su poder de compra iban a quedarse con todos los pasajeros del mundo.

Ya pasaron 25 años y los agentes de viajes fueron mutando y sobreviviendo a pesar de ellos mismos. Similares situaciones se viven en muchos rubros en nuestra actividad.  

Sin embargo, en todos estos años muchos agentes de viajes se metieron en el ojo de la tormenta y vieron cómo su modelo de negocio tambaleaba más de una vez y, aún así, se mantuvieron aferrados al mismo modelo sin atreverse a dar el paso que modificara esa realidad.

Siempre supieron que más tarde o más temprano esa realidad sería irreversible, pero nunca se dieron el tiempo para cambiarla. Siempre lo urgente tapó a lo importante.

Por eso para esos muchos agentes de viajes la excusa fue siempre la misma, “no tengo tiempo”. Y aquí es donde don Luis García me hizo reflexionar profundamente. ¿Es tan así?

Hoy el tiempo no puede ser una excusa pensé, hoy nos sobra el tiempo. Tenemos tanto que no sabemos qué hacer con todo ese tiempo que nos sobra. ¿Entonces?

Entonces, lo que no hagamos hoy no lo vamos a hacer nunca, esa es la enseñanza que nos debe dejar esta pandemia.

Si entendemos esto podremos definir qué cosas si y que cosas no, y definitivamente hacernos cargo de que la excusa es solamente eso, y por lo tanto aquellas cosas que no hagamos deberíamos sacarlas de nuestro inventario. ¡Ya fueron!

Ahora sí tenemos todo el tiempo que necesitábamos para hacer aquello que tantas veces postergamos, se acabaron las excusas.

Ya pasaron más de 80 días. No desperdiciemos los días que nos quedan antes de volver a nuestra realidad. Pensemos que muchos otros si se están preparando para lo que viene.