Señor Juez, soy culpable

El turismo de un país es por definición una actividad económica exportadora, porque con su acción genera el ingreso de divisas.

A veces se desbalancea un poco, como sucede en Argentina, porque los pasajeros que salen suelen ser muchos más que los que entran.
Por lo que conocemos del negocio turístico, en ningún otro país el turismo tiene tantas trabas para su comercialización como acá, en nuestra amada y sentida República Argentina.
Sólo para refrescar nuestra memoria recordemos los recursos implementados por el Banco Central y/o Ministerio de Economía impidiendo la compra libre de divisas para poder viajar al exterior.
Buscando desalentar la salida de pasajeros argentinos más allá de las fronteras se le han impuesto no uno, sino dos recargos, el primero del 30% correspondiente al Impuesto País y más tarde el 35% como adelanto de Ganancias. ¡Felices los agentes de viajes!
El turismo es un negocio de ida y vuelta, como ya hemos dicho innumerables veces, si los pasajeros no salen los pasajeros no entran. Por supuesto que siempre existirán aquellos a los que las medidas económicas no los afecten, pero las generales de la ley nos dicen que son la inmensa minoría.
Excelente la implementación del PreViaje, pero cuando las fronteras se abren tantas trabas a la adquisición de moneda extranjera para viajar al exterior nos da como si tuviéramos una enorme jaula de oro alrededor nuestro.
En momentos en que la comunidad europea admite el ingreso de pasajeros argentinos sin restricciones y que las fronteras nacionales vuelven a abrirse al mundo, nuestros funcionarios del área de economía buscan una vez más captar dólares del mercado turístico a como de lugar.
Esta vez con una innovadora idea, que los turistas que lleguen al país puedan abrir una cuenta bimonetaria para depositar sus divisas y extraer pesos a un cambio conceptual que sólo Dios sabe cuál sería. ¿En serio? ¿Alguien en su sano juicio piensa que un pasajero francés, canadiense o alemán, se va a tomar el trabajo de abrir una cuenta bimonetaria en nuestro país para obtener un mejor cambio?
No recordamos ningún país del mundo que haya apelado a una medida como esta para recaudar moneda extranjera.
Definitivamente el mundo mira para otro lado, el lado de facilitarle al turista todas las formas de gastar su dinero en los destinos elegidos. Salvo Cuba, con su moneda imaginaria, el CUC, nadie se ha planteado cotizar a la moneda extranjera con cambios alternativos.
Igual que en 2001, hoy los precios en moneda extranjera en nuestro país son muy económicos para el pasajero internacional, sobre todo si viene de Estados Unidos o Europa, quienes además planean sus viajes con mucha anticipación, y los más cercanos ya conocen nuestras mañas.
En muchos casos esos pasajeros vienen con los servicios prepagos, lo que les permite gastar acá sólo en comidas, regalos y recuerdos. ¿Se entiende?
Como si esto fuera poco, el dólar paralelo o Blue lo encuentran a través de los “arbolitos” o “cuevas” que les ofrecen más pesos por dólar o euro que los que obtendrían en un Banco.
Los cálculos de ingresos de divisas tomando en cuenta un buen año para el turismo receptivo podría rondar los 5000 millones de dólares y la entidad oficial calcula que podrían captar cerca del 20% de ese monto a través de esta “innovadora idea”. Es decir, algo así como 1000 millones de dólares. Una vez más, ¿En serio?
Nos parece demasiada creatividad puesta al servicio de una recaudación que poco movilizaría la balanza económica de un país como el nuestro y por eso decimos: Señor Juez, somos culpables por sostener que la actividad turística va a reactivar prontamente a las economías regionales. Merecemos que nos sigan castigando.