¿Y si no fuéramos tan importantes?

Tratemos por un momento de olvidarnos del Covid 19. Pensemos por un instante que esta cuarentena que vive el mundo es solo un paréntesis en la historia de la humanidad. Observemos que la actividad turística forma parte de ese paréntesis y miremos donde está ubicada hoy en la clasificación de importancia en la economía para los gobiernos del mundo.

Todas las instituciones vinculadas al turismo están haciendo, en el mundo entero, reclamos a sus gobiernos solicitando acciones económicas que ayuden a paliar la crisis que se está viviendo. Todos los rubros vinculados al turismo están alertando que sin esa ayuda se perderán millones de puestos de trabajo. Todos los empresarios turísticos están intentando que los gobiernos entiendan la importancia que tiene el sector en sus economías regionales.

Sin embargo, en el mundo entero, esa ayuda se demora, o se diluye, por el maremágnum de decisiones que se deben tomar, y así los empresarios turísticos siguen padeciendo la incertidumbre del hasta cuando

La referencia a lo que pasa en el mundo no es casual, tiene que ver con lo que nos pasa acá, en Argentina, donde a nosotros nos importa, y sirve a la hora de plantearnos qué significa turismo para un Estado que desde hace muchos años se llena la boca diciendo que es Política de Estado.

Si el campo hace un reclamo al gobierno es tapa de todos los diarios del país y, como ya ha pasado, las discusiones entre oficialistas y opositores fijan posiciones al momento de tomar decisiones.

Si la industria automotriz no vende autos aparecen subsidios que eliminan impuestos y dan facilidades para que se reactiven las ventas.

Si el turismo reclama que se le preste atención al tercer rubro más importante de la economía argentina, pasa sin pena ni gloria. No le mueve el amperímetro a la política autóctona.

Como decía la semana pasada el esfuerzo que están llevando adelante los dirigentes del sector es, por primera vez en la historia del turismo vernáculo, de un valor digno de respetar, pero de ahí a que les presten la atención que se merecen aún falta mucho.

No es cierto que el turismo es política de Estado en nuestro país, digámoslo de una vez.

Turismo es una palabra linda que en los discursos siempre dio buenas noticias… hasta hoy.

La actividad turística en nuestro pais es sustentable por la tozudez de los empresarios, no porque el Estado le provea un marco de seguridad jurídica y económica para que se desarrolle, como sucede en otros países.

Sin dudas cuando finalice el caos en el que está envuelto el mundo, el turismo volverá a ser movilizador de las economías regionales, porque es su cualidad más destacada, pero en el mientras tanto ¿qué pasa con los puestos de trabajo que se degradan o se pierden?

Para los que piensen que las ayudas que se está dando a las PYMES alcanza para sobrevivir, me parece que se quedaron mirando al árbol.

Las PYMES argentinas, como las de todo el mundo son las grandes generadoras de empleos, y en turismo también lo son, y a ellas tampoco les alcanzan las medidas, porque vienen ahogadas por las políticas de estado económicas desde hace ya mucho tiempo.

Pero, además, en nuestro país hay empresas turísticas que invierten millones de dólares para que se puedan brindar los servicios de calidad que esta industria sin chimeneas hoy reclama para ser competitiva.

Compañías aéreas, hoteles, transportistas, prestadores de servicios, todas empresas que dan empleo a miles y miles de personas, que no son vivos ni viven del gatopardismo que nos caracteriza como sociedad, y entiendo muy bien cuando nuestro presidente Alberto Fernández habla de “vivos” a quiénes se refiere.

Pero en turismo las pequeñas, medianas y grandes empresas tributan miles de millones de pesos anualmente para que la economía nacional y las provinciales puedan ingresar a sus arcas una buena parte del dinero que hace falta para que el país funcione, y sin embargo da la sensación de que hoy padecen la más absoluta indiferencia.

La actividad turística no se puede comparar con ninguna otra por su transversalidad y por su injerencia en la sustentabilidad de muchas otras industrias conexas, como la construcción, o las alimenticias, por ejemplo.

Tal vez esta indiferencia sea la consecuencia de muchos años viviendo del SÍ MINISTRO, y tal vez también haya llegado el momento de cambiar nuestro discurso.