¿Y si no tenés casa? La historia de la Renault 4 que viaja por Italia

Se dicta la cuarentena obligatoria en Italia y se endurecen los controles en las rutas del país. Una Renault 4 llena de bolsos intentando cruzar el estrecho de Messina indignó a todos. Pero, ¿Qué le pasa a la gente que no tiene una casa? Una historia de solidaridad en tiempos de Coronavirus, cuando el Estado no contempla otras formas de vida alternativas.

By Crónicas de Milán

Tres artistas callejeros franceses viajan por Italia desde hace meses. Hacen tatuajes, malabares y un poco de teatro. Su Renault 4 modelo ’86 color caramelo llama la atención de toda persona que los ve. Es una casa móvil, y van para donde los lleva el viento. Se encontraban en Nápoles cuando el gobierno italiano declaró la cuarentena obligatoria. Nadie puede salir de sus casas si no es por un motivo de urgencia. ¿Y si no tenes casa? Sin domicilio fijo en Francia ni en Italia, los jóvenes no sabían qué hacer, pero tampoco las autoridades.

Boris es argentino-español y desde hace unos meses vive con su compañera y su hija en Aci Trezza, un pueblo de 5 mil habitantes cerca de Catania, Sicilia. Su hermano León y la novia alemana habían llegado de visita antes de partir para Marruecos, pero la cuarentena los agarró en Italia y debieron quedarse en el país. León es amigo de los franceses, se habían conocido en un velero por las Islas Canarias, y ante la situación difícil no dudaron en tirarles una mano. Es el código de los viajeros.

De Nápoles a Aci Trezza hay un poco más de seis horas de viaje, y se debe cruzar además el estrecho de Messina, donde el control policial es muy fuerte. Desde que se dictaron las medidas de contención, el gobierno regional siciliano estableció férreos controles para entrar y salir de la isla, y sólo el que tiene residencia o motivos de fuerza mayor, puede hacerlo. Los jóvenes viajeros aceptaron la invitación de los chicos argentinos y se lanzaron a la ruta.
En el camino hacia Sicilia el Renault4 fue fotografiado en varias oportunidades, y a medida que las imágenes se viralizaban, crecían los indignados. ¿Qué hacen estos de vacaciones? ¿Cuáles son los controles que se hacen? Los franceses del auto simpático se volvieron un caso nacional y las redes sociales estallaron de odio.

La policía a lo largo el camino se mostró dura, y hasta le retuvieron documentación. Insistían en que volvieran sobre sus pasos en una situación de constante tensión. Pero la realidad es que nadie sabía qué hacer. Esta era efectivamente una situación de riesgo y la única salida posible era llegar a Sicilia. Dictar una cuarentena domiciliaria obligatoria es suponer que todo el mundo tiene una casa, nada más alejado de la realidad.

El camino fue difícil, y entre llamadas a policías y consulados, Angelino, Arturo y Morgan durmieron donde pudieron, por lo general en algún lugar alejado en el medio de la naturaleza aunque las denuncias de vecinos y transeúntes los llevaba siempre al mismo lugar: problemas con la policía. Cuando llegaron a Campania, el personal de seguridad los llevó a un hospital, donde se le realizaron controles para verificar el estado de salud. No había síntomas, los dejaron seguir.

En Calabria encontraron por primera vez un control con personal policial mejor predispuesto, quienes los ayudaron a escribir la autocertificación, este documento que exige el gobierno italiano para quien debe salir por fuerza mayor al espacio público. Los chicos no hablan italiano, por lo que el diálogo con las fuerzas de seguridad siempre era complicado.

En el estrecho de Messina la situación no fue fácil, pero el Renault4 logró pasar. El sábado a la madrugada llegaron a lo de Boris, y se sintieron por fin, en casa.

Sólo en la ciudad de Milán hay unas tres mil personas en situación de calle

Cuarentena y casa obligatoria

La casa de Boris es amplia y hay espacio para todos. El argentino con su familia, su hermano, su novia alemana y los tres franceses, tendría un lugar tranquilo para afrontar esta pandemia mundial, junto a dos perros y a una pequeña jauría de cachorros encontrada en la basura. Una verdadera comunidad. La paz no duró nada, la policía llegó para interrogarlos alertada por los vecinos que vieron el auto en las inmediaciones. A los jóvenes se les dictó la cuarentena obligatoria y varios expedientes de oficio se comenzaron a librar contra ellos.

No pueden salir de casa ni para hacer las compras, pese a que los controles sanitarias de Covid-19 dieron negativo. Hoy, la asociación Caritas les lleva la comida hasta su casa. «Nosotros somos franceses, pero somos también seres humanos«, dicen los jóvenes. ¿Es la cuarentena un privilegio? La discusión se abrió en las redes sociales a penas iniciado la epidemia, sobre todo en países de Latinoamérica donde la situación de vida es muy distinta a la que se tiene en Europa. El caso de estos viajeros deja de manifiesto la ceguera con que nuestras sociedades y nuestros gobiernos tratan a los que están «afuera del sistema».

¿Cuántas personas que viven de la economía informal pueden realmente adecuarse a este nuevo modo de vida de emergencia? ¿Y los que no tienen una casa? Morir de hambre o morir de Coronavirus. El caso de los chicos del Renault4 sirve para pensar la realidad de tantas personas, que ya sea por las condiciones materiales en las que se encuentran o porque lo eligen como modo de vida, no cuentan con una estructura habitacional permanente.

Según datos de la Organización Mundial del Trabajo (OMT), 2 mil millones de personas alrededor del mundo realizan trabajos informales, y esto es el 60 por ciento del total de la población económicamente activa. El dilema de no salir y proteger la salud o exponerse para ganar un poco de dinero que permita la supervivencia es más difícil de lo que parece, y la empatía del resto de los ciudadanos brilla por su ausencia.
Vendedores ambulantes, artistas callejeros, cuidadoras de niños y ancianos, periodistas independientes, artesanos, actrices, trabajadores agrícolas, profesionales autónomos precarizados, estudiantes con trabajos ocasionales son algunos de estos trabajadores informales, por no hablar de las personas que viven en situación de calle.

En Italia, 27 de cada 100 personas viven en condiciones de riesgo de pobreza o exclusión social. Una situación que se agrava aún más en el sur del país, donde todas las regiones presentan valores de inquietud económica y social superiores al promedio nacional. En Lombardía, el 15 por ciento de la población vive por abajo de la línea de la pobreza.

En todo el país, hay unas 50 mil personas en situación de calle. Sólo en la ciudad de Milán hay unas tres mil, y es la ciudad con más personas en esa situación de todo Italia. Ahora que quedarse en casa se volvió una cuestión de supervivencia de la especie, el problema de aquellos que no la tiene se vuelve nuestro problema. Los chicos del Renault 4 eligen una vida alternativa, eligen vivir en los márgenes de un sistema al que consideran injusto y cruel y los lazos que van tejiendo en su camino los contienen, como en este caso. ¿Qué clase de sociedad condena la solidaridad al distinto y se vuelve ciega a las miserias y a las necesidades de los otros? Si hay algo que esta pandemia nos debe enseñar es que la exclusión de uno sólo es el fracaso de todos.

Por Carla Oller, Periodista independiente, especializada en Turismo, Viajes e Internacionales, con base en Milán.

Fuente: http://www.cronicasdemilan.com